Carmen Gálvez O’Donnal, la primera conversa de la Iglesia en Guatemala y Centroamérica 

i
El primer bautismo en Centroamérica. Carmen G. O’Donnal fue bautizada por su esposo John Forres O’Donal el 13 de noviembre de 1948 en la Ciudad de Guatemala.

Carmen O’Donnal está entre las pioneras que dedicaron esfuerzo, valor y vieron más allá de los obstáculos, para que el Evangelio restaurado llegara a Guatemala y por ende a toda Centroamérica, en el año de 1947. Su esposo, John Forres O’Donnal, fue quien contactó el profeta de la Iglesia, entonces, George Albert Smith, para que se enviaran misioneros de la Misión Mexicana, a esta región, porque era un pueblo que ya estaba preparado según su criterio.


¿Cómo se conocieron Carmen y John?

 

Una noche, en el otoño de 1942, Carmen Gálvez y sus amigas jugaban al tenis de mesa en un club en Retalhuleu. “Oye, Carmen, ven. Este gringo quiere conocerte”, le dijo una amiga, señalando a John F. O’Donnal, un joven estadounidense a quien hacía poco tiempo el trabajo lo había llevado a Guatemala.

 

“¿Por qué tiene que ir una mujer a donde está el hombre?”, respondió secamente en español, pensando que O’Donnal no entendería. “Si él es un caballero”, dijo, “él puede venir hasta donde estoy”. O’Donnal la sorprendió al cruzar la habitación y responder en perfecto español: “¿En dónde has estado?”. Luego de esa presentación, los dos se veían de vez en cuando. Después de un tiempo, comenzaron a salir y pronto se dieron cuenta de que estaban indiscutiblemente enamorados. Pero a causa de que John era Santo de los Últimos Días en vez de católico, los amigos y la familia de Carmen se oponían al deseo que ella tenía de casarse con él. A pesar de sus objeciones, John y Carmen se casaron el 19 de junio de 1943 en el club donde se conocieron.

 

La conversión de Carmen

 

Carmen quedó impresionada por la devoción que su nuevo esposo tenía hacia su fe. Mientras viajaban por todo Guatemala, John con frecuencia le decía a Carmen que un día se predicaría el Evangelio restaurado a las tribus nativas del lugar. “¡Tienen que saber, porque son un pueblo elegido!”, solía exclamar. Trabajó incansablemente para llevar la Iglesia a Guatemala. Mientras visitaba Salt Lake City, personalmente le pidió al presidente George Albert Smith que enviara misioneros. Poco después, los misioneros se mudaron a una habitación en la parte superior de la casa de la familia O’Donnal.

 

Carmen quería desesperadamente comprender la dedicación que su marido tenía por la Iglesia. Leyó el Libro de Mormón, pero le resultó difícil entenderlo... John le pidió pacientemente que siguiera adelante, animándola a orar para recibir entendimiento.

 

Una noche, mientras John estaba ausente, Carmen continuó orando y leyendo el Libro de Mormón. Mientras oraba, sintió que la rodeaba una presencia oscura. “Por alguna razón”, pensó, “Satanás está tratando de destruirme por esto”. Corrió a la habitación de los misioneros y les pidió ayuda. Los misioneros le dieron una bendición del sacerdocio y le ayudaron a calmar sus temores. Después de eso, sintió que tenía que bautizarse.

 

El 13 de noviembre de 1948, Carmen de O’Donnal fue bautizada. En diciembre, se le llamó como presidenta de la Sociedad de Socorro en la Ciudad de Guatemala y comenzó a enseñar lecciones simplificadas sobre principios del Evangelio a nuevos miembros e investigadores.

i
El primer servicio bautismal en Centroamérica, realizado el 13 de noviembre de 1948. Fueron bautizados: Carmen G. O’Donnal, Teresa Gálvez, Manuela Cáceres y Luis González Batres.

Su servicio en la obra misional en Guatemala

 

En 1976, John F. y Carmen O’Donnal fueron llamados a presidir la misión de Ciudad de Guatemala y más tarde la Misión Guatemala Quetzaltenango. En Quetzaltenango, instituyeron un programa para capacitar a misioneros en cuatro idiomas mayas para que pudiesen predicar a los indígenas guatemaltecos. Al considerar las necesidades locales, también desarrollaron programas que tendrían un impacto en la Iglesia mundial: propusieron un horario consolidado de reuniones de tres horas para reducir el tiempo que tenían que viajar los miembros que recorrían largas distancias; crearon una serie de lecciones simplificadas de la Escuela Dominical para nuevos miembros, que se convirtió en la base de la clase Introducción al Evangelio (ahora llamada Principios del Evangelio); y supervisaron la construcción de centros de reuniones locales pequeños y menos costosos. John F. O’Donnal también fue clave para adquirir la propiedad donde más tarde se construyó el Templo de Ciudad de Guatemala, Guatemala. Posteriormente, cuando se dedicó el templo en 1984, él y Carmen sirvieron como el primer presidente y directora de las obreras. (“Los pioneros de Guatemala”, Historias Mundiales, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días).

 

i
Los O’Donnal, presidieron la Misión de Ciudad de Guatemala en 1976 y la Misión Guatemala Quetzaltenango en 1977

Palabras de hermanas que conocieron a Carmen O’Donnal:

 

Ana Gloria Rodas Gil de Amado:

i
Ana Gloria de Amado

Una tarde tocaron a la puerta de mi casa, era la hermana Carmen Gálvez de O’Donnal y su esposo Juan O’Donnal. Habían sido llamados para trabajar en el nuevo Templo de la Ciudad de Guatemala. El hermano Juan como presidente y la hermana Carmen como directora de las obreras.  Debían buscar a los futuros obreros del templo, buscaban parejas que estuvieran dispuestas a trabajar por turnos o semanas completas.

Pidieron la autorización a la Primera Presidencia para que pudieran servir hermanos que, aunque tuvieran hijos pequeños y adolescentes, pues esto antes no era permitido. La respuesta vino afirmativa. Muchos fuimos llamados a servir siendo apartados para tan noble y bella obra.

 

Nuestra directora capacitaba a las hermanas y el presidente O’Donnal a los varones.

Nos enseñó que las obreras éramos la cara del templo, que debíamos de estar presentables, limpias, bien peinadas y arregladas. Ser respetuosas y amables con todas las personas que asistieran al templo, que las ayudáramos a sentir un buen Espíritu, que se fueran con el deseo de volver otra vez a la casa del Señor, que estábamos allí para servirlas.

 

La hermana O’Donnal era una mujer valiente y llena de fe, una vez la asaltaron para quitarle su collar de perlas que llevaba en el cuello, según me contó con una mano sostuvo su collar y con la otra se defendió. Los asaltantes se asustaron y mejor se fueron corriendo. 

 

Con mi madre, Clemencia de Rodas quien también fue llamada como obrera, se conocieron de jovencitas pues las dos eran de Retalhuleu, Guatemala. 

Siempre me demostró un cariño especial, siento mucha gratitud de haber conocido a esa mujer tan fuerte en la fe y en testimonio hacia nuestro Padre Celestial y hacia Su Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Aún en las dificultades de la vida supo mantenerse firme y perseverar hasta el fin.

 

Lourdes Gómez Moreno:

i
Lourdes Gómez

Conocí a la hermana Carmen Gálvez de O’Donnal cuando me llamaron de obrera del templo de la Ciudad de Guatemala, además asistíamos al mismo barrio. Esto me dio la oportunidad de convivir con ella en varios aspectos.

 

Nos enseñó la importancia de la reverencia en el templo, no era solo de estar calladas, sino que también incluía nuestra apariencia. Aprendí que al asistir a la Casa del Señor mi ropa debía estar limpia, mi presentación impecable, hasta nos enseñó la manera de sentarnos, pararnos, hablar. Al mismo tiempo que fue estricta, fue muy amorosa. Al relacionarme con ella en el templo y en la capilla, me sentí en confianza como si nos conociéramos de siempre. Nos recordaba que las personas que asistían al templo podrían llevar problemas muy serios y que nosotras con nuestra actitud hacia ellas, podríamos ser instrumentos para que su estadía en el templo fuera de mucho beneficio.

 

Cuando las hermanas del occidente de Guatemala visitaban el templo, el corazón de la hermana O’Donnal rebozaba de felicidad, tenía un gran amor por ellas, una de sus escrituras favoritas describe el amor que sentía, Enos 1:9, “Ahora bien, sucedió que cuando hube oído estas palabras, empecé a anhelar el bienestar de mis hermanos los nefitas; por tanto, derramé toda mi alma a Dios por ellos”. Guardo muy gratos recuerdos de ella cuando servimos en el templo y en las actividades fuera del templo.

 

Carmen de Fuentes:

i
Carmen de Fuentes

Recuerdo a la hermana Carmen Gálvez de O’Donnal en momentos muy valiosos. Siempre me hacía sentir que yo era muy importante, tenía ese don.

 

Cuando fue la primera directora de obreras del templo, en sus inicios, me llamaron como obrera a los cuatro meses que este empezó a funcionar, por supuesto yo iba muy a menudo, tres veces por semana como participante, la miraba y platicábamos un poco, cuando se podía. Después al ser llamada como obrera, me enteré de que ella le dijo a su esposo: “Yo quiero a esta niña como obrera”.

 

Una vez, dándonos instrucción a las obreras del turno, alguien comentó sobre la historia familiar y preguntó qué hacer después de haber hecho todo para encontrar a algún familiar. Ella citó otra ocasión similar en que pidió a una mujer, sentada en la primera fila, que se levantara un poco la falda, y al verle las rodillas, contestó, “no todo, hermana, hasta que sus rodillas muestren con callos cuánto ha orado, puede decir que ha hecho todo”.

 

No puedo menos que admirar en esta noble y valiente mujer, la fe, el amor, visión, perspectiva eterna y perseverancia que tuvo para prepararnos el camino.

 

Conny de Rodríguez:

 

i
Conny de Rodríguez

Mi esposo conoció el Evangelio por medio del presidente O’Donnal en el trabajo en 1975. A partir de entonces, él y la hermana Carmen visitaban la rama y venían a almorzar a nuestro hogar. Cuando llegaban, ella nos daba la clase de la Sociedad de Socorro.

 

Cuando nos sellamos, ellos eran el presidente del Templo y directora de obreras, esto fue una gran bendición para nosotros. A la hermana O’Donnal le gustaba vestirse con huipil (blusa típica de Guatemala). Cuando empezó el templo, ella fue quien eligió los cuadros típicos que lo adornaban. Esto demostraba su gran amor por Guatemala. Siempre admiré cómo trataba y cuidaba a su esposo. Ella fue una mujer muy fiel y dulce. Ha sido de mucha influencia para muchas hermanas en nuestro país.

 

El mensaje y testimonio de Carmen

 

Durante las puertas abiertas del Templo de la Ciudad de Guatemala, se le pidió a Carmen O’Donnal escribir sus impresiones. A continuación, algunas de ellas:

 

“Me siento muy humilde y a la vez agradecida con mi Padre Celestial por la confianza que ha depositado en nosotros.

“Pienso que a través de estos 36 años de lucha constante de expandir el verdadero propósito de [la Iglesia], ahora con un templo aquí, ya los miembros tienen la plenitud [del Evangelio]… es una bendición para la nación entera…

“El mundo llegará a conocer La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días a través de estos lugares santísimos, y por medio de los logros que los miembros irán adquiriendo.

“En mi poca capacidad intelectual, no ha sido fácil comprender a cabalidad… la magnitud de tan sagrada obra. Reconozco que el testimonio que tengo lo he logrado por mis esfuerzos en pedir por medio de la oración y dedicación y debido a ello, el Señor me ha bendecido grandemente con una sensibilidad para sentir y saber que la obra es real y verdadera.

“Agradezco la oportunidad brindada para que pudiera expresar mis sentimientos, aun en muy cortas líneas, pero mi gratitud al Dios Todopoderoso es grande, muy grande, porque ya brillan rayos de clemencia en esta nación, mi bella Guatemala, la tierra del quetzal y de la Eterna Primavera” (John Forres O’Donnal, Pionero en Guatemala, edición española: 2011).

Por medio de su firme testimonio y su noble espíritu, Carmen Gálvez de O’Donnal ha dejado un legado de fe y devoción. Su fe inquebrantable y su infinito amor por las personas permitieron que las bendiciones de la plenitud del Evangelio llegaran al corazón de muchos.

 

Referencias:

  • Sala de Prensa, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Los pioneros mormones de Centroamérica