Cómo nos ve nuestro Padre Celestial

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Ana Raquel comparte sus sentimientos acerca de la importancia de enfocarse en el Evangelio.

Me di cuenta de que no importa lo que los demás piensen de mí, sino lo que nuestro Padre Celestial piensa de nosotros.


Cuando comencé noveno grado pasé por una prueba muy difícil, la ansiedad social. En el medio donde me desenvuelvo, ser miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no es tan común; de hecho, soy la única en mi grado que pertenece a la Iglesia.

Esto me dificultó muchísimo poder encajar con los demás, ya que nadie seguía mis principios. Sentirme así afectó mi autoestima, relaciones y rendimiento académico.  Llegué a sentir que todos me odiaban y rechazada por todos a mi alrededor, no podía abrirme a nadie porque sentía que nadie me entendía.  

Después de que mi ansiedad empeoró, mis padres notaron un cambio drástico en mi actitud y en común acuerdo decidimos que debía buscar ayuda profesional.  Hablar con alguien sobre lo que sentía me liberó. Poco a poco, comencé a sentirme mejor, estoy muy agradecida por haber pasado por esto, ya que me enseñó que los obstáculos nos hacen más fuertes de muchas maneras.  

Ahora estoy en mi tercer año y me está yendo mucho mejor en mis estudios, he podido servir en la presidencia de clase de las Mujeres Jóvenes y experimentar el amor al servir a otros. Me di cuenta de que no importa lo que los demás piensen de mí, sino lo que nuestro Padre Celestial piensa de nosotros y que, si nos enfocamos en Él y Su Evangelio, vamos a poder encontrar a las personas que nos hacen crecer como individuos. Mi fe en Jesucristo y en el Evangelio creció y encontré amigos que me aman y que representan quién soy y los principios que decido seguir.