Cuatro razones para ayunar

Cuatro razones para ayunar
Cada mandamiento que recibimos de nuestro Padre Celestial viene acompañado de una bendición, si es que lo obedecemos. La ley del ayuno no es diferente. De hecho, ésta viene acompañada de muchas bendiciones. Mi deseo es que entendamos las bendiciones de la ley del ayuno de tal manera que cada miembro de la Iglesia en Centroamérica resuelva ayunar cada mes y reciba las bendiciones prometidas.  Definitivamente, hay más de cuatro bendiciones asociadas con la ley del ayuno. Sin embargo, estas cuatro nos brindan una razón de peso por la cual ayunar y pagar una ofrenda de ayuno al Señor.
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1.  Mayor fortaleza física

Existen varios estudios que prueban que ayunar mensualmente es beneficioso para nuestro cuerpo. Estudios médicos revelan que quienes ayunan cada mes viven más tiempo y tienen una vida más saludable. Un estudio reciente sobre salud publicado por el Deseret News reveló que el ayuno mensual induce a las células al “modo de auto preservación” y optimiza el funcionamiento de las mismas. El estudio reportó que esta función manda al cuerpo para que busque otras fuentes de energía y en lugar de usar el de azúcar en la sangre y la glucosa, digiera los depósitos de grasas. El proceso implica un aumento en la producción de la hormona de crecimiento que protege la masa muscular, disminuye la producción de insulina y previene la diabetes.

2.  Protección de Dios

El profeta Isaías nos dice que cuando ayunamos: “Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia. Entonces invocarás, y te oirá Jehová” (Isaías 58:8-9).

“Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia. Entonces invocarás, y te oirá Jehová”

Todos tenemos necesidades y estamos constantemente orando a Dios para que nos bendiga por una u otra cosa. Aquí tenemos la promesa de que cuando ayunamos Dios oirá nuestros ruegos. Él nos cuidará y protegerá.

3.  Mayor fortaleza para nuestra fe

El ayuno nos ayuda a ser humildes y a sentirnos más cerca de nuestro Padre Celestial.   Helamán lo explica de esta manera: “No obstante, ayunaron y oraron frecuentemente, y se volvieron más y más fuertes en su humildad, y más y más firmes en la fe de Cristo, hasta henchir sus almas de gozo y consolación; sí, hasta la purificación y santificación de sus corazones, santificación que viene de entregar el corazón a Dios”.

“No obstante, ayunaron y oraron frecuentemente, y se volvieron más y más fuertes en su humildad, y más y más firmes en la fe de Cristo, hasta henchir sus almas de gozo y consolación; sí, hasta la purificación y santificación de sus corazones, santificación que viene de entregar el corazón a Dios”.

El ayuno nos ayuda a vivir otros principios del Evangelio porque nos acerca más al Señor. El ayuno nos ayuda a obtener fortaleza de carácter. Cuando ayunamos en forma apropiada aprendemos a controlar nuestros apetitos, nuestras pasiones y nuestro temperamento.

Ayunar es la manera más efectiva para superar adicciones tales como la pornografía. El apóstol Joseph B. Wirthlin dijo: “El ayuno y la oración nos sirven para desarrollar en nuestro interior la valentía y la confianza; pueden fortalecer nuestro carácter y cimentar nuestro autodominio y disciplina. Muchas veces, cuando ayunamos, nuestras oraciones y peticiones justas adquieren un poder aún mayor. Los testimonios crecen; maduramos espiritualmente y emocionalmente, y santificamos nuestra alma. Cada vez que ayunamos, obtenemos un poco más de control sobre nuestros apetitos y pasiones mundanos”.

“El ayuno y la oración nos sirven para desarrollar en nuestro interior la valentía y la confianza; pueden fortalecer nuestro carácter y cimentar nuestro autodominio y disciplina. Muchas veces, cuando ayunamos, nuestras oraciones y peticiones justas adquieren un poder aún mayor. Los testimonios crecen; maduramos espiritualmente y emocionalmente, y santificamos nuestra alma. Cada vez que ayunamos, obtenemos un poco más de control sobre nuestros apetitos y pasiones mundanos”.

Ayunar durante 24 horas puede darnos un sentimiento de triunfo, ya que al demostrarnos a nosotros mismos que podemos ejercer autocontrol, nos sentimos más fortalecidos.

4.  Ayudar a los pobres

En el capítulo 34 de Alma, Amulek explicó que a menudo nuestras oraciones no tienen poder porque volvemos la espalda a los necesitados. Si pensamos, a veces, que el Padre Celestial no escucha nuestras peticiones, debemos preguntarnos si estamos prestando atención a las súplicas de los pobres, de los enfermos, de los hambrientos y de los afligidos que nos rodean.

Hay quienes contemplan la abrumadora necesidad que hay en el mundo y piensan: En realidad, ¿qué puedo hacer yo para cambiar las cosas? Hermanos y hermanas, les digo una cosa que podemos hacer: Vivamos la ley del ayuno y contribuyamos con una generosa ofrenda de ayuno. ¿Si cada persona o si la mayoría de los miembros en Centroamérica obedecieran este mandamiento, cuán diferente sería esta área?

Las ofrendas de ayuno se utilizan para un solo propósito: para bendecir la vida de los necesitados. Todo el dinero que se le entrega al obispo en calidad de ofrenda de ayuno se utiliza para ayudar a los pobres.

El presidente Gordon B. Hinckley preguntó: “¿Qué sucedería si se observara el principio del ayuno y de las ofrendas en todo el mundo? Se daría de comer al hambriento, se vestiría al desnudo, se daría refugio a los que no tienen hogar. . . En el corazón de las personas de todas partes crecería un nuevo nivel de preocupación y de generosidad”.

“¿Qué sucedería si se observara el principio del ayuno y de las ofrendas en todo el mundo? Se daría de comer al hambriento, se vestiría al desnudo, se daría refugio a los que no tienen hogar. . . En el corazón de las personas de todas partes crecería un nuevo nivel de preocupación y de generosidad”.

Joseph B. Wirthlin dijo: “[Como] Apóstol del Señor Jesucristo, he viajado por el mundo testificando de Él. Hoy he venido ante ustedes para dar otro testimonio, un testimonio del sufrimiento y la necesidad de millones de hijos de nuestro Padre Celestial. En el mundo de hoy, demasiadas personas --miles y miles de familias-- pasan necesidades a diario. Tienen hambre, sufren frío, padecen enfermedades, se afligen por sus hijos, se lamentan por la seguridad de sus familias. Esas personas no son extranjeros, sino hijos de nuestro Padre Celestial; son nuestros hermanos y hermanas; son ‘conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios’. Sus fervientes oraciones ascienden al cielo para suplicar un alivio del sufrimiento. En este mismo momento, en este mismo día, algunos miembros, incluso en nuestra Iglesia, oran por ese milagro que les permitiría superar el sufrimiento que los rodea. Si, teniendo los medios para hacerlo, no tenemos compasión por ellos y no nos apresuramos a ayudarles, corremos el peligro de estar entre los que el profeta Moroni menciona al decir: ‘Porque he aquí, amáis el dinero, y vuestros bienes, y vuestros costosos vestidos, y el adorno de vuestras iglesias, más de lo que amáis a los pobres y los necesitados, los enfermos y los afligidos’ (Mormón 8:37)”.

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“[Como] Apóstol del Señor Jesucristo, he viajado por el mundo testificando de Él. Hoy he venido ante ustedes para dar otro testimonio, un testimonio del sufrimiento y la necesidad de millones de hijos de nuestro Padre Celestial. En el mundo de hoy, demasiadas personas --miles y miles de familias-- pasan necesidades a diario. Tienen hambre, sufren frío, padecen enfermedades, se afligen por sus hijos, se lamentan por la seguridad de sus familias. Esas personas no son extranjeros, sino hijos de nuestro Padre Celestial; son nuestros hermanos y hermanas; son ‘conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios’. Sus fervientes oraciones ascienden al cielo para suplicar un alivio del sufrimiento. En este mismo momento, en este mismo día, algunos miembros, incluso en nuestra Iglesia, oran por ese milagro que les permitiría superar el sufrimiento que los rodea. Si, teniendo los medios para hacerlo, no tenemos compasión por ellos y no nos apresuramos a ayudarles, corremos el peligro de estar entre los que el profeta Moroni menciona al decir: ‘Porque he aquí, amáis el dinero, y vuestros bienes, y vuestros costosos vestidos, y el adorno de vuestras iglesias, más de lo que amáis a los pobres y los necesitados, los enfermos y los afligidos’

Hermanos y hermanas, les testifico que cuando ayunemos y oremos con un propósito y paguemos una ofrenda generosa, alimentaremos al hambriento y cuidaremos del pobre.

Cuando ayunamos correctamente, sentimos hambre y, por corto tiempo, nos ponemos literalmente en el lugar de los hambrientos y los necesitados; y al hacerlo, adquirimos una comprensión mayor de las privaciones que ellos tal vez padezcan. Cuando damos una ofrenda al obispo para aliviar el sufrimiento de los demás, no sólo hacemos algo sublime por ellos, sino que también hacemos algo maravilloso por nosotros mismos. El rey Benjamín enseñó que, al dar de nuestros bienes a los pobres, retenemos “la remisión de [nuestros] pecados de día en día” (Mosíah 4:26).

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Mi deseo para todos los miembros en Centroamérica es que recibamos todas las bendiciones que nuestro Dios nos ofrece. Les testifico que los miembros que ayunen en una manera apropiada y paguen sus ofrendas, tendrán un cuerpo más saludable, un espíritu más fortalecido en fe, Dios escuchará sus oraciones y al mismo tiempo, cuidarán a los pobres, lo cual trae una remisión de sus pecados. En el nombre de Jesucristo. Amén.