El árbol familiar de mi abuela Vilda

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Danaysa Osorio, de 22 años, junto a su abuela Vilda, de 72 años. Ambas sirven en la Iglesia y trabajan juntas en su historia familiar.

En una tarde reunimos los datos de muchos familiares de mi abuela. Ese fue el arranque para construir nuestro árbol familiar y hacer las ordenanzas en favor de nuestros antepasados.


Mi abuela Vilda Alemán de Álvarez se sentó una tarde con nosotras, sus nietas, para relatarnos lo que recordaba de sus familiares. Fue una tarde feliz, y quizás fue la más productiva de nuestro trabajo en la historia familiar.

Podríamos pensar que empezar a buscar información de nuestros antepasados es muy complicado. Pero a través de esa experiencia, puedo decir que solo hace falta hablar con nuestros padres, abuelos, tíos, u otros parientes que pueden darnos información útil.

Cuando mi abuela Vilda empezó a darnos nombres, decidimos que haríamos lo posible por enlazar la información de nuestros padres, abuelos, bisabuelos y tatarabuelos. La meta era unir las cuatro generaciones de las que se nos pide hacer.

Aunque parecía difícil, logramos obtener información muy rápido de los bisabuelos de mi abuela Vilda, es decir, nuestros tatarabuelos.

Ella recordaba los nombres de los abuelos: Atanacio y Marcela. Corroboramos la información que obtuvimos de ambos en la página de FamilySearch. Ese día corrimos con mucha suerte porque encontramos los datos y realizamos los trámites para que se efectuaran todas las ordenanzas del templo por ellos.

Luego, logramos conseguir los nombres de sus hijos, de los cuales mi abuela no tenía fechas, nombres completos o lugar de nacimiento.

A través de diferentes búsquedas, logramos identificar ocho registros en lotes de bautismos católicos, hijos de mis tatarabuelos Atanacio y Marcela.

Después de leer detenidamente cada registro, sentimos una gran bendición al descubrir que todos tenían la fecha y su lugar de nacimiento. Fue una enorme felicidad encontrar información de nuestros antepasados. ¡Mi abuela no sabía que mis tatarabuelos tuvieron gemelos! Fue una gran emoción descubrirlo.

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El Templo de Tegucigalpa, Honduras. El presidente Russell M. Nelson nos ha enseñado: “Nuestros anhelos innatos por tener conexiones familiares se hacen realidad cuando nos entrelazamos con nuestros antepasados mediante las ordenanzas sagradas del templo”.

Poco a poco hemos ido imprimiendo las tarjetas de ordenanzas. Al avanzar, sentimos un espíritu diferente. Sabemos que ahora nuestros familiares pueden tener acceso al bautismo, las investiduras y el sellamiento como familias eternas. Este ha sido un logro familiar, y nos une un agradecimiento mutuo de ambos lados del velo.

El presidente Russell M. Nelson nos ha enseñado: “Todo ser humano que viene a la tierra es el producto de generaciones de padres. Tenemos un anhelo natural de conectarnos con nuestros antepasados. Ese deseo mora en nuestros corazones, sin importar la edad.

“Consideremos las conexiones espirituales que se establecen cuando una joven ayuda a su abuela a ingresar información de la familia en una computadora o cuando un joven ve el nombre de su bisabuelo en un registro de censo. Cuando nuestro corazón se vuelve a nuestros antepasados, algo cambia dentro de nosotros; nos sentimos parte de algo más grande que nosotros mismos. Nuestros anhelos innatos por tener conexiones familiares se hacen realidad cuando nos entrelazamos con nuestros antepasados mediante las ordenanzas sagradas del templo” (“Generaciones entrelazadas con amor”, conferencia general de abril de 2010).

Testifico que el Espíritu de Elías es real y que solamente necesitamos dedicación y amor por ellos. Cada vez que puedo, visito a mis abuelos, veo su álbum de fotos y escucho sus historias. Quiero conocerlos más y saber qué hacían en ese momento de sus vidas. Con mucha alegría, agrego estas fotos e historias a la sección de recuerdos en FamilySearch.

Para más información:

“Historia Familiar: Cómo empezar”

“Encuentra a tu familia. Descubre tu historia. Dale vida a tu historia familiar al explorar la vida de tus antepasados”

• Thomas S. Monson, “Dentro de los Templos”