El consejo de un profeta a Centroamérica, luego del huracán Mitch en 1998

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El presidente Gordon B. Hinckley, visitó países centroamericanos luego del huracán Mitch.

“El presidente Hinckley sabía que los envíos de alimentos y ropa que recibieran los ayudarían a superar la crisis, pero su preocupación y amor por ellos iba aún más allá… sabía que la ayuda más importante proviene de Dios y no del hombre”.


Recientemente las tormentas que trajeron los huracanes Eta e Iota azotaron varios países del Área de Centroamérica, dejando desafortunadamente pérdidas humanas y materiales. La Presidencia de Área actual, los élderes Brian K. Taylor, Taylor Godoy y Alan R. Walker, han dicho que lamentan profundamente el sufrimiento de los que han sido afectados debido a los huracanes y la pandemia. Han expresado que los tienen en sus pensamientos y que oran y ayunan por ellos constantemente.

 

Pero esta no es la primera vez que sucede. En octubre de 1998, el huracán Mitch también causó grandes catástrofes. Preocupado por el daño causado en América Central, el presidente Gordon B. Hinckley, (1910-2008), hizo una rápida visita a Honduras y Nicaragua en noviembre de 1998, en donde dijo: “Hemos aprendido que… debemos poner nuestra confianza en [Dios] y caminar en obediencia a Sus mandamientos. Esta es la única seguridad que tenemos. No podemos decir dónde sucederán este tipo de cosas; unas veces ocurren aquí y otras allá, por toda la tierra. Como resultado de esta experiencia, vivamos más cerca del Señor y seamos más dignos de Sus bendiciones”. (Noticias de la Iglesia, “El presidente Hinckley visita a las víctimas del huracán Mitch y de los estados del este de los Estados Unidos”, abril de 1999).

 

“La ayuda más importante proviene de Dios y no del hombre”

 

El élder Lynn G. Robbins, miembro de la Presidencia del Área de Centroamérica en ese tiempo, dijo que el mensaje que el presidente Hinckley dejó en cada ciudad fue: “sacrificar y ser obedientes a la ley del diezmo”. Y menciónó: “Pero ¿cómo se le puede pedir a alguien tan pobre que se sacrifique? El presidente Hinckley sabía que los envíos de alimentos y ropa que recibieran los ayudarían a superar la crisis, pero su preocupación y amor por ellos iba aún más allá. A pesar de que reconocía la importancia de la ayuda humanitaria, sabía que la ayuda más importante proviene de Dios y no del hombre. El Profeta deseaba ayudarlos a abrir las ventanas de los cielos, tal como lo promete el Señor en el libro de Malaquías (véase Malaquías 3:10; Mosíah 2:24).

 

“El presidente Hinckley les enseñó que, si pagaban su diezmo, siempre tendrían comida en sus mesas, ropa en sus espaldas y un techo sobre su cabeza”. (Lynn G. Robbins, “El diezmo un mandamiento incluso para el pobre”, Liahona junio 2010).

 

Dios honra todas Sus promesas

 

Dirigiéndose a los santos de Centroamérica y refiriéndose a la importancia y necesidad trascendental de obedecer el mandamiento de la ley del diezmo, el actual presidente del Área, el élder Brian K. Taylor, dijo: “Al observar cómo ustedes, magníficos y valientes santos, enfrentan los desafíos refinadores, y a veces complicados, especialmente en estos momentos únicos este año 2020, durante la pandemia del Covid-19, no podemos expresar ni una fracción de lo que sentimos. Habiendo enfrentado nuestras propias experiencias desgarradoras, mi esposa Jill y yo tenemos un testimonio innegable que ha nacido y crecido hasta ser un testimonio seguro de que Dios honra todas Sus promesas. Nosotros somos testigos de que “la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho” (1 Reyes 17:16) (“Abriendo las ventanas de los cielos en Centroamérica”, noviembre, 2020).

 

Las promesas de las Escrituras siguen vigentes: las ventanas de los cielos se abrirán, la harina de la tinaja no escaseará, Él os bendecirá inmediatamente y se derramarán bendiciones hasta que sobreabunden. Estas y otras bendiciones serán dadas a aquellos que fielmente guarden el mandamiento de la ley del diezmo.

 

Se invita a cada miembro del Área a poner a prueba la palabra del Señor: “Traed todos los diezmos al alfolí, y haya alimento en mi casa; y probarme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos…” (Malaquías 3:10). Y Él dice: “Yo, el Señor, estoy obligado cuando hacéis lo que os digo…” (D. Y C. 82:10).

 

La razón por la que el Señor nos da mandamientos es para bendecirnos… ¡aún cien veces más!