“El estudio de las escrituras me trajo al redil del Señor”

“El estudio de las escrituras me trajo al redil del Señor”

Nací de buenos padres que eran católicos, yo fui el menor de siete hermanos. Durante mi juventud no asistía mucho a la iglesia porque me gustaba el fútbol y jugaba los domingos. Conocí a mi esposa Teresa en 1981 y después de un hermoso noviazgo nos unimos en matrimonio y nos dedicamos más fervientemente a asistir a la iglesia. Mi hijo Sergio Jimmy tocaba la guitarra en el grupo de alabanza (le había comprado su propia guitarra) y mi hija Rocío Esmeralda cantaba.

A veces me iba a jugar y solo asistían mi esposa y mis hijos. Pero el sacerdote, por medio de una carta que envió con mi esposa, nos hizo el llamado de dirigir un grupo familiar de la parroquia local, lo cual hicimos por muchos años. En enero del año 2000 nos trasladamos a La Cima de San Bartolo en Ilopango, por razones de mi trabajo, pero viajábamos cada domingo para seguir sirviendo fielmente.

Poco a poco y por circunstancias de la vida, dejamos de asistir tan a menudo y para el año 2012 una pareja de misioneros contactó a mi familia. Mi esposa fue la que se interesó primero en su mensaje; luego mi hijo Jorge Efraín. Por mucho que ellos insistían en que conociera la doctrina de la Iglesia, yo me negaba. Aunque no me oponía a que ellos asistieran a las reuniones y recibieran a los misioneros.

Cuando los misioneros llegaban a nuestra casa, yo me apartaba y no quería escucharlos. Mi esposa y mi hijo se bautizaron en junio de 2012 y cada domingo me invitaban a acompañarlos pero yo seguía negándome. Recuerdo que mi amorosa Teresita me invitaba con sus ojitos llenos de lágrimas y eso me conmovía profundamente.

De pronto, un día comencé a sentir que podía asistir a la Iglesia con ellos y decidí acompañarlos. Llegué a la reunión sacramental por primera vez un domingo de septiembre de 2014 y me impresionó todo lo que vi y oí. Empecé a escuchar a los misioneros quienes me decían que debía orar y estudiar las escrituras para que por medio de la oración, el Padre Celestial me confirmara de la veracidad del evangelio de Jesucristo y de su Iglesia restaurada.

Le rogué al Padre Celestial que me diera entendimiento de lo que leía en las escrituras y sentí claramente el llamado de seguirle con todo el corazón. Puedo testificar que fue el estudio de la palabra revelada lo que abrió mi corazón para aceptar ese llamado.

Acepté bautizarme y comenzamos una nueva vida los tres. Cada domingo era una fiesta en nuestros corazones. Todo era maravilloso y sencillo de aceptar. Al poco tiempo mi hijo recibió su llamamiento misional.

Vimos a nuestro hijo partir a una misión, fue un gran desafío la separación pero lo afrontamos con fe y valor. Al año y cinco meses de ser miembro de la Iglesia me llamaron a servir como segundo consejero del obispado del barrio Las Cañas, y acepté el reto de hacerlo amparado en mi fe en nuestro Padre Celestial, la oración y el estudio constante de las escrituras. Mi amada esposa me espera pacientemente hasta que terminan todas mis responsabilidades cada domingo.

Doy mi ferviente testimonio que por medio del estudio de las escrituras, si se hace con verdadera intención, el Padre nos da esa luz que ilumina nuestro entendimiento y que se convierte en lámpara para nuestros pies. El estudio de las escrituras me trajo al redil del Señor. Testifico sobre la veracidad de esta sagrada obra, en el nombre de Jesucristo. Amén.