El evangelio de Jesucristo tiene el poder para sanar

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Anita A. relata cómo la obra de historia familiar le ha dado rumbo definido y le ha renovado.

Poco a poco, el asistir a Seminario y servir en la historia familiar me ayudaron a recobrar mi buen ánimo.


Tengo 15 años y me gusta sonreír, mantenerme activa en la Iglesia, trabajar en la historia familiar y buscar oportunidades para servir a otros.

 

Hasta hace un año, mi vida era diferente. El fallecimiento de mi abuela afectó mucho mi vida, y por momentos no me sentía aceptada por los demás. Con un poco de ayuda y el buen apoyo de mi familia y amigos, fui encontrando solución a mis sentimientos.

 

Pero eso no fue todo. Encontré mucho consuelo en las clases de Seminario y al dedicar mi tiempo para trabajar en la historia familiar.

 

Empecé a asistir a Seminario con un deseo sincero de aprender. Como parte del curso, se lanzaron algunos retos semanales. Estos retos tenían que ver con invitar, actuar y compartir. Algunos de los retos fueron de historia familiar. Se nos invitó a indexar, reservar un nombre para realizar ordenanzas en el templo y guardar un recuerdo en FamilySearch. Este tipo de desafíos llamó tremendamente mi atención y poco a poco fui también recobrando mi buen ánimo.

 

Vale la pena mencionar que yo conocí la Iglesia gracias a mi abuela. Fue gracias al conocimiento del plan de salvación que pude saber que las familias pueden ser eternas y que podré estar nuevamente con mi amada abuela. Tengo un firme testimonio de ello.

 

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Anita ha agregado recuerdos a su cuenta en FamilySearch, y dedica parte de su tiempo para trabajar en indexación.

Empecé a interesarme más en la historia familiar y trabajar más en FamilySearch. Aprendí a indexar y a conservar recuerdos. Ahora tengo generaciones completas en mi árbol familiar.

 

El templo más cercano está a más o menos 300 kilómetros de mi casa, en un recorrido de cinco horas. Las visitas de mi rama están programadas cada tres meses.

 

Me siento feliz por haber alcanzado estas metas y por la gran bendición de poder viajar al templo con regularidad. Esto llena mi corazón de alegría. No lo cambiaría por ninguna otra cosa en el mundo.

 

Me gusta recordar las palabras del élder Dale G. Renlund del Cuórum de los Doce Apóstoles: “Cuando se llevan a cabo ordenanzas a favor de personas fallecidas, los hijos de Dios sobre la Tierra son sanados” (“La Obra del templo y de historia familiar: Sellamiento y sanación”, conferencia general de abril de 2018).

 

Dos días después de haber sido apartado como Presidente de la Iglesia, el presidente Russell M. Nelson declaró: “Su adoración en el templo y el servicio que presten allí por sus antepasados los bendecirá con mayor revelación personal y paz, y los fortalecerá en su compromiso de mantenerse en el camino de los convenios” (“Al avanzar juntos”, Liahona, abril de 2018).

 

He visto cómo estas promesas se han cumplido en mi vida. Yo era una joven diferente, probablemente sin rumbo definido. Pero las bendiciones del Evangelio y el conocimiento del plan de Dios me han renovado. Sé que esta es Su Iglesia y Su obra. Indexar y servir en la historia familiar trae salvación a mi familia y a mi alma.

 

Nota: Este artículo fue redactado a partir de una entrevista por Sergio Molina, de las Páginas Locales de la Liahona.

 

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