El milagro de Carlos

El milagro de Carlos

Al comienzo de mi misión tuve la oportunidad de vivir una de las experiencias más especiales como misionera. Al llegar se me asignó trabajar en Quepos junto a hermana Todercilla. Con ansias y emociones tuve la oportunidad de conocer a cada una de las personas con las cuales se estaba trabajando en el lugar pero entre todas ellas había una persona muy especial, el hermano Carlos.

La primera vez que entré a su hogar pude ver en su rostro una luz muy especial. Él se encontraba sentado en su silla de ruedas y con solo una sonrisa me saludó. El hermano Carlos no habla hace más de cinco años debido a un accidente que tuvo y el único medio para respirar es un orificio en el cuello que permite que el aire llegue a sus pulmones. Al enseñarle y hacerle preguntas, él respondía en un cuaderno y nos lo mostraba. A pesar de nuestros esfuerzos él no accedía a ser bautizado teniendo ya un testimonio de la verdad restaurada. No sabíamos qué era lo que le impedía hacerlo pero nunca dejó de asistir a la Iglesia. Siempre llegaba temprano y saludaba a todos los miembros de la rama.

Cierto día invitamos a Carlos al bautismo de un joven y durante la ordenanza pudo sentir el Espíritu. Escribió algo en su cuaderno y se lo mostró al presidente de la rama quien estaba a su lado y allí le expresó su deseo de hacer este convenio con Dios. Pero debido a su condición física tenía mucho miedo y más que por ese orificio no podía entrarle agua como para ser sumergido, sin embargo él supo que debía hacerlo y no temer más. Rápidamente buscamos la manera de que el hermano pudiera bautizarse sin poner su vida en riesgo y la única manera que encontramos fue utilizando un parche que tapara su orificio por completo pero la ordenanza debía ser rápida y precisa.

El día de su bautismo, 21 de junio de 2014, contamos con la presencia de muchos miembros de la rama, familiares no miembros de Carlos y también de un hermano paramédico por si cualquier cosa llegaba a suceder.

Con mucho cuidado se realizó la ordenanza. Al salir del agua su rostro irradiaba y lloraba de la alegría de haberse podido bautizar. La familia del hermano Carlos preparó una cena especial por su bautismo y nos invitaron. Veíamos sus caras alegres. Las oraciones, las intenciones sinceras y la fe del hermano hicieron posible que él fuera bautizado sin poner su vida en peligro.

Gracias a esta experiencia pude aprender una gran lección de fe, de confianza infinita al Padre y de ser un verdadero discípulo y estar dispuestos aún de dar nuestra propia vida por seguir las enseñanzas de Jesucristo. Un milagro se efectuó gracias a la fe y fuimos testigos de ello ese día.

Con la asistencia de Jocelynne Cambronero.