El poder de la palabra de Dios

i

“... las Escrituras nos ayudan a conocer al único Dios verdadero y a Jesucristo a quien envió, para tener vida eterna...”.


Hace algún tiempo atrás, mientras mi familia y yo nos encontrábamos en un vuelo de avión, en donde aprendí una lección que siempre llevo conmigo. Antes de iniciarse el vuelo, es conocido que la tripulación toma unos minutos para dar instrucciones de seguridad a los pasajeros. Observé a mis menores hijos y a muchos otros pasajeros, prestar poco o nada de atención. Finalmente, el avión despegó y luego de dos horas de viaje, repentinamente los sensores de humo de la cabina se activaron y el sonido de la alarma nos indicaba a todos, que teníamos fuego en el interior del avión. Fueron momentos de mucha tensión y temor.

 

Finalmente logramos hacer un aterrizaje de emergencia y pudimos ser auxiliados por el equipo contraincendios del aeropuerto al que inesperadamente arribamos. Luego de algunas horas y después de abordar un avión diferente, fue interesante observar a la casi totalidad de pasajeros, incluidos mis hijos, la forma tan atenta con la que escuchaban y observaban a la tripulación dar las instrucciones de seguridad. Les pregunté a mis hijos porqué prestaban tanta atención a lo que la tripulación decía y ellos me dijeron que después del susto que tuvieron querían estar siempre atentos y preparados para las emergencias de un vuelo.

 

i
El élder Godoy comparte su experiencia y comparación con las Escrituras al pasar momentos de tensión en un avión y lo importante que es prestar atención a las instrucciones recibidas.

Al pensar en esta experiencia, viene a mi mente la escritura que se encuentra en Alma 32:13 donde leemos: “Y porque sois obligados a ser humildes, bendito sois; porque en ocasiones el hombre, si se ve obligado a ser humilde, busca arrepentimiento; y de seguro, el que se arrepienta hallará misericordia; y quien halle misericordia y persevere hasta el fin, será salvo”.

 

A lo largo de la vida, en ocasiones, tenemos experiencias que nos invitan a realizar algunos cambios y a tomar resoluciones de vivir mejor y perseverar en el Evangelio. Algunas veces sucede también que el tiempo pasa y quizás olvidamos la experiencia que nos ayudó y volvemos a las acciones que en algún momento habíamos decidido cambiar.

 

En los siguientes versículos de Alma 32, encontramos una valiosa ayuda a fin de realizar cambios permanentes con respecto a nuestra forma de vivir el Evangelio:

 

14. “Y como ya os he dicho, que, por haber sido obligados a ser humildes, fuisteis bendecidos, ¿no suponéis que son más bendecidos aún aquellos que se humillan verdaderamente a causa de la palabra?

 

15. Sí, el que verdaderamente se humille y se arrepienta de sus pecados, y persevere hasta el fin, será bendecido; sí, bendecido mucho más que aquellos que se ven obligados a ser humildes por causa de su extrema pobreza.

 

16. Por tanto, benditos son aquellos que se humillan sin verse obligados a ser humildes; o más bien, en otras palabras, bendito es el que cree en la palabra de Dios…”.

 

Y es que, como en el mismo libro de Alma se nos enseña, la palabra de Dios tiene gran propensión a impulsar a la gente a hacer lo justo, inclusive menciona que surte un efecto más potente en la mente del pueblo, que la espada o cualquier otra cosa que nos acontezca (1). Podemos realizar cambios motivados porque somos conminados a hacer algo o por experiencias difíciles o dolorosas, pero la palabra de Dios tiene un efecto poderoso, y es que cuando “…son conducidos a creer en las Santas Escrituras, sí, las profecías escritas de los santos profetas, que los llevan a la fe en el Señor y al arrepentimiento, esa fe y arrepentimiento que efectúan un cambio de corazón en ellos. Por lo tanto, cuantos han llegado a este punto, sabéis por vosotros mismos que son firmes e inmutables en la fe, y en aquello con lo que se les ha hecho libres” (2).

 

Alguien podría preguntar por qué las Escrituras tienen ese efecto y es que las Escrituras nos ayudan a conocer al único Dios verdadero y a Jesucristo a quien envió, para tener vida eterna (3); de este modo, tener el deseo de ser como ellos y buscar el arrepentimiento que nos lleve a realizar cambios permanentes.

 

Adicionalmente podríamos mencionar innumerables bendiciones por estudiar la palabra de Dios, entre ellas:

 

  • Fortaleza para resistir las tentaciones y los dardos del adversario (4).
  • Sanidad para el alma herida (5).
  • Nos indica un curso directo a la felicidad eterna (6).

 

El Señor mandó a Josué a esforzarse y ser valiente y también a no apartarse del libro de la ley, sino a meditar en él de día y de noche para guardar y hacer conforme a lo que en él está escrito y dio una promesa por hacerlo: “… porque entonces harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien” (7).

 

Extiendo una invitación a tener un programa de estudio diario de las Escrituras en forma individual y familiar, apartar un tiempo sagrado durante el convulsionado que hacer de cada día, a fin de familiarizarnos con la voz de Dios, especialmente en este tiempo de tanta incertidumbre.

 

Testifico que Jesucristo es el hijo de Dios, nuestro Redentor y Salvador y este es Su Evangelio, un Evangelio de amor, de fortaleza, de perdón y que, al conocerle a Él, a través del estudio de las Escrituras y de las palabras de los profetas vivientes, nuestros hijos y nosotros sabremos a qué fuente hemos de acudir para la remisión de nuestros pecados (8). En el nombre de Jesucristo, Amén.

 

Referencias:

 

  1. Alma 31:5
  2. Helamán 15: 7-8
  3. Juan 17:3
  4. 1 Nefi 15:24
  5. Jacob 2:18
  6. Alma 37:44
  7. Josué 1:8
  8. 2 Nefi 25:26

Artículos relacionados: