El poder del relato de la Primera Visión

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    Pedro Antonio Ayau dice que “el lugar más oscuro, física o mentalmente, se llena de luz cuando el Espíritu nos habla”.

    El repetir el relato de la Primera Visión durante mi misión me llenó con la certeza de que nuestro Padre Celestial nos da a cada uno según los deseos más profundos del corazón.


    El relato de la Primera Visión tiene algo especial. Recuerdo casi cada vez que lo repetía en la misión y es imposible olvidar la fuerza con que se sentía el Espíritu. Es como si tuviera su propio poder.

     

    Sé que en realidad es la fuerza del Espíritu Santo testificando con poder acerca del acontecimiento más grande de esta dispensación, con el que se abrieron los cielos de nuevo y se nos muestra que Dios sigue revelando sus secretos “a sus siervos los profetas” (Amós 3:7).

     

    El repetir el relato de la Primera Visión durante mi misión me llenó con la certeza de que nuestro Padre Celestial nos da a cada uno según los deseos más profundos del corazón. Si no dudamos y confiamos, Él nos dará la medida precisa en la hora perfecta para saciar nuestra sed. Él lo hizo con un joven de catorce años que buscaba las respuestas a las preocupaciones en su corazón.

     

    Este año se celebran doscientos años de la aparición de nuestro Padre Celestial y Jesucristo a José Smith. Ese acontecimiento trascendental, con el que se inició la restauración de verdades importantes para esta época, nos mostró el amor infinito que Ellos sienten por nosotros. Estas verdades se revelan a todo aquel que las busca y de la misma manera se recibe una confirmación del amor de Dios individualmente.

     

    Sé que nuestro Padre Celestial nos ama tanto que las cosas que son importantes para nosotros se vuelven importantes para Él, simplemente porque nos ama (véase “El privilegio de la oración”, por J. Devn Cornish). No hay ninguna pregunta que Él no quiera respondernos. El presidente Lorenzo Snow dijo: “Ese es el gran privilegio de todo Santo de los Últimos Días… que tenemos el derecho de tener manifestaciones del Espíritu cada día de nuestra vida” (véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Lorenzo Snow, capítulo 4).

     

    He aprendido que la revelación llega de muchas maneras porque nuestro Padre Celestial habla con sus hijos de la manera más clara, en su propio idioma, es decir de la manera en que cada uno entenderá mejor la verdad. Como dice en 2 Nefi 31:3: “Mi alma se deleita en la claridad; porque así es como el Señor Dios obra entre los hijos de los hombres. Porque el Señor Dios ilumina el entendimiento; pues él habla a los hombres de acuerdo con el idioma de ellos, para que entiendan”.

     

    A mí me ha hablado de diferentes maneras. A veces lo ha hecho por medio de las escrituras, haciéndome saber que la verdad que mi madre había compartido conmigo desde pequeño era la doctrina que Él quería que compartiera en mi misión. En ocasiones me ha hablado por medio de otras personas, que me confirman decisiones que yo he tomado con mucha meditación y oración.

     

    Una de las ocasiones en que el Espíritu ha hablado con más fuerza a mi mente fue cuando visitaba a un hermano de nuestro barrio que estaba en la cárcel. Las cárceles en Guatemala están lejos de ser un lugar para rehabilitación. Es un lugar en el que al entrar pareciera que le succionan la felicidad a uno y se siente lejos del Espíritu.

     

    Recuerdo que en esa ocasión fuimos hasta el lugar donde el hermano dormía. Era un remedo de habitación separado solamente por sábanas que no daban ninguna privacidad. Le dimos una bendición del sacerdocio y estuvimos un tiempo más con él para compartir una comida navideña sencilla.

     

    Para regresar debíamos recorrer un largo camino a pie hasta donde estaba estacionado el carro. Durante el camino pensaba en que el hermano tendría que pasar más años en ese lugar, y eso me llenaba de tristeza. El camino polvoriento y el sol fuerte sobre mi cabeza me hacían sentir de mal humor y hasta con el deseo de no haber hecho ese viaje. Pero en ese momento de congoja en mi corazón, escuché una voz. Era una voz que había escuchado antes pero ahora era como si alguien me dijera al oído: “Porque... estuve en la cárcel, y vinisteis a mí” (Mateo 25:35–36).

     

    Nunca me imaginé que el Espíritu daría paz a mi corazón de esa manera. Sentí como mi pecho ardía y no pude evitar que mis ojos se llenaran de lágrimas. El lugar más oscuro, física o mentalmente, se llena de luz cuando el Espíritu nos habla, cuando las verdades del Evangelio son derramadas como rocío del cielo y el amor de un Padre Celestial se vuelve real.

     

    Jesucristo dijo: “El que quiera hacer la voluntad de él conocerá si la doctrina es de Dios o si yo hablo por mí mismo” (Juan 7:17). Sé que haciendo lo que haría Jesucristo llegamos a conocerlo, porque el Espíritu Santo será nuestro compañero y Él nos revelará la verdad de Su amor.

     

     

    Para más información:

    “El testimonio del profeta José Smith”

    • Russell M. Nelson, “Compartir el mensaje de la restauración del evangelio del Salvador: Mi invitación para ustedes en 2020”

    • Russell M. Nelson, “¡Escúchalo!”