El servicio nos ayuda a sentir paz y gozo en momentos de aflicción

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Miguel Sequeira comparte que prestar servicio desinteresado es más satisfactorio que recibir. Photo credit: Miguel Sequeira

“Siempre habrá personas con necesidades, y cada uno de nosotros puede hacer algo para ayudar a alguien…a menos que nos perdamos en dar servicio a los demás, nuestra propia vida tiene poco propósito”.

“Thomas S. Monson, “¿Qué he hecho hoy por alguien?”, Liahona noviembre de 2009, pág. 85

En agosto del 2020 acababa de regresar de servir una misión de tiemplo completo, cuando escuchamos la noticia de que un huracán llegaría a Centroamérica y afectaría no solo a Nicaragua, sino que también a otros países cercanos; se pronosticaba que sería de una gran fuerza. En lo personal no me sentía preocupado, estábamos bien y sobre todo sentíamos paz.

 

Llegó el día y en el transcurso de las horas nos dijeron que el huracán Eta tocaría tierra en categoría 4. Así que nos dispusimos a ayudar en las evacuaciones; como siempre la Iglesia había ofrecido la capilla como albergue. Eta tocó las costas de Puerto Cabezas con mucha fuerza e hizo daños a muchas de las infraestructuras, pero no hubo ninguna pérdida humana y eso era lo más importante. Pensamos que lo material se podía recuperar y solo era cuestión de tiempo.

 

Luego, como en una serie de eventos desafortunados, se nos dio la mala noticia de que se aproximaba otro huracán y de mayor fuerza que el primero. Entonces sí nos preocupamos porque sabíamos que ni las casas ni el terreno podrían resistir otro huracán. No nos habíamos recuperado del primer embate cuando dos semanas después llegó Iota. Esta vez el nuevo huracán tocaría tierra en categoría 5, la más alta en la escala de huracanes, era un monstruo.

 

Iota llegó y destrozó lo que ya estaba dañado. El mar subió 7 metros, muchos perdieron todo lo que poseían, no tenían nada. Miramos cómo muchas familias estaban careciendo y sufriendo.

 

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Los huracanes Eta e Iota llegaron a Puerto Cabezas causando mucha destrucción. Photo credit: Miguel Sequeira
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Muchas familias perdieron todo lo que poseían a causa de los huracanes. Photo credit: Miguel Sequeira

Fuimos bendecidos con manos caritativas

 

La Iglesia actuó de inmediato para poder aliviar a los necesitados; también misioneros que habían servido en Puerto Cabezas se unieron e hicieron donaciones, entre ellos uno de los primeros misioneros que sirvió hace 14 años. Él junto con su familia y amigos lograron recaudar cierta cantidad de dinero que nos permitió armar paquetes de ayuda para la gente que lo necesitaba. Así, un grupo de miembros de otras ramas nos unimos y decidimos salir a ayudar. Me uní a un grupo de miembros de la rama Bilwi y fuimos a la comunidad de Wawabar, a una hora en panga (pequeña embarcación).

 

El servicio nos ayudó a sentir el amor de Dios y obtener paz

 

Llegamos a la comunidad y observamos lo que dejó el paso del huracán. El daño era inmenso, algunos intentaban reconstruir sus casas con lo poco que tenían. Mientras recorríamos el lugar encontramos a una hermana que tenía un árbol enorme encima de su casa. Nos tomó como 4 horas poder remover el árbol, pero a pesar de todo ella tenía una sonrisa en su cara. Continuamos nuestro camino entregando paquetes a los que podíamos, obviamente lo que teníamos no era suficiente, pero hacíamos lo que podíamos y nos sentimos muy felices por eso. Sé que el Señor puede darnos paz en las tribulaciones cuando hacemos nuestra parte.

 

Una de las hermanas me preguntó por qué había decidido ir allí. Le respondí que me hacía muy feliz servir. Prestar servicio desinteresado es más satisfactorio que recibir. Nos ayuda a sentir el amor que Dios tiene por sus hijos y nos da paz al saber que Dios ama a todos Sus hijos.

 

Quisiera que no esperemos a que un huracán llegue para tener un motivo para servir. Pues servir es una forma de mostrar interés y bondad. La caridad es la que nos motiva a servir, la caridad no piensa en sí misma “todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta... Y ahora permanecen la fe, la esperanza y la caridad, estas tres; pero la mayor de ellas es la caridad” (1 Corintios 13: 7,13). No necesitamos una razón más fuerte.

 

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