¿Estás haciendo las cosas de forma correcta ante los ojos de Dios, Nahomy?

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Estás haciendo.jpg Photo caption: Nahomy Solano comparte su experiencia de su regreso a la actividad en la Iglesia. Photo credit: Ramón Solano

“Clama a mí y te responderé, y te enseñaré cosas grandes e inaccesibles que tú no conoces”.

Jeremías 33:3

Mi nombre es Nahomy Solano, soy una joven de la Estaca San Salvador en El Salvador. En el año 2017, asistía de forma intermitente a la Iglesia, pero se estaba planificando un campamento a nivel de estaca al cual decidí asistir.

 

Ese campamento era una oportunidad para reencontrarme con el Evangelio y disfrutar con otras jóvenes de mi edad. Me preparé con todos los ánimos de divertirme y alejarme de muchas cosas que me preocupaban en ese momento.

 

Durante ese año mi hermano mayor, Kendall, asistía regularmente a la Iglesia. Mis padres no eran constantes y yo iba de vez en cuando. Durante el campamento, un líder de la presidencia de estaca se tomó el tiempo para conocer a cada joven. El líder, junto a una hermana de la presidencia de Mujeres Jóvenes de estaca, tenía una pequeña conversación donde expresó su interés por cada una. Nos preguntó acerca de nuestros estudios, nuestros sueños y metas, nos dio consejos y nos expresó el amor que nuestro Padre Celestial nos tiene como Sus hijas especiales.

 

Recuerdo cuando fue mi turno, tenía un nudo en la garganta, yo sabía que ese líder fue enviado por Dios para hablar conmigo en ese momento de mi vida. Compartí mi tristeza porque mi familia no asistía a la Iglesia. Durante la conversación él hizo una pregunta que me impactó: “¿Estás haciendo las cosas de forma correcta ante los ojos de Dios, Nahomy?”, luego compartió consejos y su amor. Esa pregunta quedó grabada en mí, me hizo reflexionar sobre mi comportamiento y cómo podía ser mejor ante Dios.

 

Los meses pasaron, la situación con mis padres no cambiaba. A veces asistían con nosotros y otros domingos mi hermano y yo íbamos solos a la Iglesia. Mi hermano recibió su llamamiento misional y los días de su partida estaban cerca. Cada día mi miedo crecía un poco, ¿cómo iría a la Iglesia sola?, ¿cómo me mantendría activa? Yo deseaba que mis padres me acompañaran, oraba para que eso sucediera.

 

Un día antes que mi hermano partiera a la misión, arrodillada orando, buscaba consuelo y guía para saber qué hacer para que mi familia volviera a la Iglesia. Mientras lo hacía, vino a mi mente aquella pregunta del líder, “¿Estás haciendo las cosas de forma correcta ante los ojos de Dios, Nahomy?”

 

La respuesta llegó en ese momento, el Espíritu Santo me testificó que todo estaría bien. Entendí que Dios espera un esfuerzo constante de nosotros, a veces quisiéramos que algunas cosas se resolvieran por arte de magia y no sufrir, pero lo más importante es hacer nuestra parte y confiar en Dios.

 

Ese día de rodillas decidí hacer un trato con Dios, me esforzaría por hacer lo correcto y confiaría que Él tocara el corazón de mis padres para que volvieran definitivamente a la Iglesia.

 

Han pasado dos años desde esa oración y mi trato con Dios, dos años que mis padres asisten activamente a la Iglesia conmigo, dos años que me esfuerzo para hacer las cosas de forma correcta. Mi hermano regresó de la misión. Ahora juntos como familia, vivimos el Evangelio. Sé que Dios vive, sé que Él me escucha, me conoce y me ama.

 

“La oración es clave. Oren para saber lo que deben dejar de hacer y lo que deben comenzar a hacer. Oren para saber qué añadir y qué eliminar de su entorno a fin de que el Espíritu esté con ustedes en abundancia”. (Russell M. Nelson, “Vivan como verdaderos milénicos”, Liahona octubre 2016).

 

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