Ha llegado la hora de una Iglesia centrada en el hogar

i
La familia Ramos Mazariegos se esfuerza por participar de la Santa Cena en casa cada semana, y nos relatan lo bendecidos que se sienten por poder hacerlo.

“Como Santos de los Últimos Días, nos hemos acostumbrado a pensar en ‘iglesia’ como algo que ocurre en nuestros centros de reuniones, respaldado por lo que ocurre en el hogar. Necesitamos un ajuste a este modelo. Ha llegado la hora de una Iglesia centrada en el hogar, respaldada por lo que se lleva a cabo dentro de los edificios de nuestros barrios, ramas y estacas”.

—Presidente Russell M. Nelson

Hace dos años recibimos la instrucción del presidente Russell M. Nelson de implementar el estudio de Ven, Sígueme en el hogar, asumiendo así con mayor responsabilidad la instrucción de enseñar a nuestros hijos el Evangelio y ser autosuficientes espiritualmente.

 

No cabe duda de que mediante esta instrucción el Señor nos preparaba para lo que hoy estamos viviendo o aun lo que nos tocará enfrentar en el futuro. Con la reciente restricción temporal de no tener reuniones en las capillas para evitar la propagación del virus COVID 19 en nuestras comunidades, tenemos ahora la bendición de continuar participando de la Santa Cena y estudiar el Evangelio en nuestros propios hogares.

 

Esta nueva experiencia ha resultado ser muy edificante para muchos. Las noches de hogar y la preparación en la Iglesia nos han ayudado no solo para servir a otros sino para cumplir ahora con esta responsabilidad.

 

Como familia nos reunimos en nuestra sala, oramos, cantamos, participamos de la Santa Cena y compartimos mensajes. Lya, mi hija mayor de 14 años, comenta su experiencia:

 

“Siento que nos mantenemos más unidos como familia, nos entendemos más y compartimos más experiencias. Cuando preparé mi discurso para compartirlo en nuestra reunión, seleccioné un tema para nuestra familia: el servir y ministrar a los demás. Creo que es una buena manera de buscar la salvación individual y familiar, apoyarnos unos a otros y centrarnos más en Cristo. Aunque extraño ir a las reuniones, esta es una oportunidad para juntarnos como familia y acercarnos más a nuestro Padre Celestial”.

 

Diana, nuestra hija menor de 7 años, también nos cuenta cómo se siente al tener las reuniones en casa: “Aunque extraño escuchar discursos de otros hermanos y compartir con mis amigas, me gusta tener las reuniones en casa. Podemos estar más tiempo juntos porque en la Iglesia mi papá tiene que estar en la oficina, porque es el obispo. Lya tiene que estar con las jóvenes, y nosotros debemos estar en nuestras clases. Pero en casa, podemos aprender más del Evangelio con mi papá. Hoy aprendí del mundo, del árbol del olivo y que nosotros tenemos que dar buen fruto”.

 

De igual manera, muchas familias de nuestro barrio han compartido el gozo de realizar sus reuniones en casa, vestidos con su ropa de domingo y dando al día de reposo la santidad y reverencia que se tendría en las capillas. Por ejemplo Adrián, un joven maestro de Barrio Las Flores, Estaca Quetzaltenango Guatemala, nos compartió la experiencia en su hogar:

i
“Yo quiero estar con ellos por la eternidad”, nos cuenta Adrián al referirse a su amada familia.

“En la mañana me levanté muy feliz al saber que era domingo y que íbamos a tomar la Santa Cena en casa. Me cambié y fui a preparar el pan y el agua en nuestro comedor, que hoy se convirtió en un lugar santo.

 

“Empezamos cantando el himno número 195, ‘Las familias pueden ser eternas’. Me gusta mucho este himno porque me recuerda que con mi familia podemos llegar a serlo.

 

“Otro momento que me gustó mucho fue cuando mi papá bendijo la Santa Cena porque el Espíritu se pudo sentir muy fuerte.

 

“En esta reunión en casa, en medio de la conmoción a causa de la Pandemia COVID-19, mi alma y mi corazón se llenaron de gozo porque sentí que dimos un paso más para llegar a ser una familia eterna. Yo quiero estar con ellos por la eternidad”.

 

Este es un momento en el que se pone a prueba nuestra fe. No cabe duda de que somos bendecidos por Dios, y ha demostrado Su amor por cada familia. Él desea que podamos estar reunidos de manera segura y afrontar esta situación mundial.

 

Nunca se olvidará de su pueblo tal como lo dijo el profeta Amós en la antigüedad: “Porque no hará nada Jehová el Señor sin que revele su secreto a sus siervos los profetas” (Amos 3:7).

 

Cuánta gratitud podemos sentir por tener un profeta vidente y revelador. Sus instrucciones son la voluntad del Padre, para cuidar y proteger a Su pueblo, ahora y siempre.