“Ilumina el Mundo”: Una oportunidad de servicio que se extiende más allá de diciembre

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Fernanda Martínez Castillo relata su experiencia al prestar servicio como parte de la iniciativa “Ilumina el mundo”.

El servicio que brindamos marca nuestra vida, moldea nuestro carácter y cambia nuestro corazón para convertirnos en mejores personas, pareciéndonos más a nuestro amado Salvador.


¡Me encanta servir! Ayudar a los demás es grandioso, y me parece que “Ilumina el mundo” es una manera más de servir. La primera vez que participé en la iniciativa, cantamos villancicos. Fue algo sencillo, pero fue una bella manera de llevar el espíritu de la Navidad a otros. Desde entonces he tenido cada año lindas experiencias durante esta época.

 

Hay una experiencia que atesoro en mi corazón. Mi mamá y yo servíamos como misioneras de barrio, y hacíamos varias visitas a hermanas menos activas. Encontramos a una hermana con cuatro niñas pequeñas, y otra más en camino.

 

Una de las pequeñas tenía ya edad para bautizarse. Le enseñamos las lecciones y pronto se bautizó. Observamos las necesidades de la familia, que eran muchas.

 

Pensé que podríamos prestar servicio aprovechando la iniciativa “Ilumina el mundo”, y lo propuse a la clase de las Mujeres Jóvenes. Les expliqué que la hermana hacía muchos esfuerzos para atender a su familia, cocinaba con leña, pues no tenía una estufa y siempre estaba muy ocupada. Nosotras podríamos ser las manos extras que ella tanto necesitaba.

 

Juntas reunimos víveres y ropa para llevar a la familia. Tuvimos un día de servicio en su casa, limpiamos y la acompañamos. Fue un día genial. Todo lo que queríamos era darle alivio y unas horas de descanso.

 

En realidad, la bendición de servir nos alcanzó a todas. Aprendí a valorar más a mi familia y cada bendición que recibo. A veces nos quejamos ante las dificultades, pero esta buena hermana, aun en medio de tantas dificultades, se sentía agradecida y vivía de una manera feliz.

 

Una de mis amigas comentó: “Aunque tenga lo necesario, muchas veces reniego y siempre pido algo más. Hoy aprendí del gozo que se siente al servir”.

 

Esta experiencia nos ayudó a cambiar nuestra manera de percibir la vida. En lugar de mirar lo negativo, podemos buscar oportunidades de ayudar a los demás y encontrar felicidad en ello.

 

También aprendimos a no juzgar a nadie, más bien preguntarnos: ¿Necesita mi ayuda? ¿Necesita alguien con quien hablar? Los actos sencillos que hacemos en favor de otros alivianan sus cargas y los ayudan a ser más felices.

 

Mi mamá y yo hemos continuado ministrando a esta familia. Estamos pendientes de sus necesidades y les damos nuestro cariño sincero.

 

Podemos servir a otros de tantas maneras, incluso ayudando a los hermanos de edad avanzada a trabajar en historia familiar. Aún podemos servir por medio de la tecnología, llevar consuelo por medio de un mensaje de texto.

 

La iniciativa de “Ilumina el mundo” nos proporciona una ocasión maravillosa para servir, llevar las alegres nuevas del nacimiento de Cristo a los demás. Lo más bello es que puede extenderse a todos los meses del año. El servicio que brindamos marca nuestra vida, moldea nuestro carácter y cambia nuestro corazón para convertirnos en mejores personas, pareciéndonos más a nuestro amado Salvador.

 

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