“Esta es la Iglesia verdadera” José Antonio Olivares, pionero de la Iglesia en Guatemala

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En la mente y corazón del hermano Olivares permanecen firmes los recuerdos de su conversión.

El hermanamiento fue de gran importancia para que 71 años después siga caminando en la senda del Señor.


José Antonio Olivares actualmente asiste al barrio Los Pinos de la Estaca Ciudad de Guatemala Atlántico, tiene 90 años y 71 de ser miembro de la Iglesia. Conoció la Iglesia cuando lo invitaron a tomar clases de inglés con unas misioneras de tiempo completo. El tiempo ha pasado y no olvida a las hermanas, pues le enseñaron el evangelio de Jesucristo, que ha penetrado su alma y su vida entera.

 

Es conocido entre los Jóvenes Adultos Solteros porque ha impartido varias charlas compartiendo su historia de vida, su ejemplo y amor por la Iglesia que destaca desde cualquier punto de vista.

 

“Yo tenía 16 o 17 años cuando conocí a las misioneras, ellas primero nos enseñaban clases de inglés y después tomábamos cocoa con leche. Nos enseñaron acerca de la Biblia, en ese tiempo era difícil compartir de lleno las enseñanzas del Libro de Mormón, porque eran otros tiempos. Entonces nos enseñaron primero de la Biblia y luego de Jesucristo. Conforme las lecciones avanzaban, obtuvimos el conocimiento de El Libro de Mormón. Muchas personas hablaban mal de la Iglesia y decían que era del enemigo, pero me di cuenta por mí mismo que no era cierto lo que decían”.

 

Con mucha alegría recuerda a las misioneras Mary White y Albin Been, “Ambas eran estadounidenses pues el Evangelio inició en aquel país,” dijo; mediante la entrevista vía video llamada (pues es época de pandemia del Covid-19), su rostro se iluminaba de alegría cada vez que las mencionaba. Sus recuerdos siguen firmes en su mente.

 

Fue en el año de 1947 cuando todo inició. Asistió los domingos a la Escuela Dominical donde empezó a vivir los mandamientos y poco a poco fue comprendiendo más el Evangelio. Asistió a la Iglesia por tres años hasta que fue bautizado. “En ese tiempo yo comprendí que solo había dos iglesias, la Iglesia de Dios y la iglesia del adversario” dijo sin titubear.

 

La historia de su conversión a la Iglesia no se ha borrado de su mente, pese de haber sufrido de un derrame cerebral. El pasado para él es tan real como si todo hubiera ocurrido ayer.

 

¿Cómo fue el día de su bautismo? “Fueron tres años de conocer la Iglesia, hasta que finalmente tomé la decisión. Nosotros íbamos al Campo de Marte en la zona 5 a hacer deporte; atrás de la tribuna del campo había una pileta que era de los militares, entonces se organizó todo para el bautismo. Éramos cuatro los que fuimos bautizados. Yo fui el último. Entre todos nos dábamos ánimos y fortaleza para iniciar en el camino del Señor”.

 

Inmediatamente después fue ordenado al Sacerdocio, aprendió a bendecir la Santa Cena, a veces le instruían para que llevara temprano el pan, aprendió a repartir la Santa Cena y fue ordenado al Sacerdocio mayor conforme el tiempo fue transcurriendo.

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El hermano Olivares es el miembro número once de haber sido bautizado en la Iglesia en Guatemala, el 7 de mayo de 1949.

Los amigos y las reuniones de hermandad fueron fundamentales para su permanencia en la Iglesia, “Nos gustaba tomar leche con cocoa, éramos como veinticinco amigos que andábamos juntos para todos lados, hacíamos nuestras reuniones sacramentales y realmente convivimos cosas buenas”. Guarda en su memoria las fiestas de Verde y Oro organizadas por los JAS, participaban en mutuales, noches de talento, bailes, obras de teatro y las conferencias.

 

En varias ocasiones expresó que la historia de la Iglesia no dejaba de asombrarle. Haber conocido y estudiado los Artículos de Fe fue de muchísimo apoyo, pues le ayudó a tomar decisiones de su vida.

 

A fines de 1949, uno de los líderes de la Iglesia le dijo, “Tú vas a ir a la misión”, “¿Yo?”, respondió asombrado, “No puedo, ya que tengo que trabajar y ayudo a sostener a mi familia”. No obstante, unos meses más tarde, tres de sus hermanos ya tenían trabajo y ellos pudieron contribuir con el gasto de su casa; fue así como llenó los papeles para ir a la misión, sirvió en la Misión Tegucigalpa como misionero de tiempo completo.

 

“Enseñamos la historia de las planchas de oro, la gente se quedaba pensativa y preguntaban dónde estaban las planchas porque las querían ver. La enseñanza era más fácil, pero solo los que realmente quisieron cambiar lo hicieron y aceptaron el Evangelio mediante el estudio de las Escrituras. Los mandamientos del Señor fue lo que predicamos en Honduras”.

 

Una vez terminada la misión, conoció a una hermana con quien contrajo nupcias, María Mercedes Pérez Champney con quien estuvo casado hasta abril de 2020, cuando falleció. Juntos procrearon 10 hijos, 8 mujeres y 2 hombres, ahora tiene 20 nietos. “La familia es grande, no cabemos en una banca cuando vamos todos a la Iglesia”.

 

Luego de 71 años de ser miembro, y ser conocido como un pionero de la Iglesia en Guatemala, el hermano José Antonio Olivares dice no perder la fe, y desea con íntegro propósito que algún día sus hijos regresen a la Iglesia, ya que algunos de ellos viven en el extranjero y cambiaron su forma de vida. “No pierdo la fe en que algún día mis hijos vivan nuevamente el Evangelio verdadero y retomen las enseñanzas que como padre les enseñé, pues esta es la Iglesia verdadera”, concluyó.

 

 

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