La experiencia de cuando la oración se volvió sagrada para mí

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Susan Pamela H., nos dice que la oración es una experiencia sagrada en la que Dios nos escucha y responde.

La oración personal es nuestra oportunidad sagrada de elevar nuestra gratitud y súplicas a Dios. Por medio de la oración podemos descubrir lo que Él tiene para decirnos cada día.


Desde temprana edad aprendí la importancia de la oración personal y familiar. Cada día oro al levantarme, antes de comer y antes de dormir.

 

Una noche al arrodillarme para hacer mi oración, tuve un fuerte sentimiento de que mi oración debería ser más que sólo palabras. Debía convertirse en una experiencia más significativa.

 

Entonces empecé a orar con más fervor. Sentí que para continuar mi oración debía de arrepentirme de mis errores. Entendí que debía de cambiar las palabras que usaba de manera habitual, por una forma más sincera y humilde de expresar los deseos de mi corazón. Las lágrimas empezaron a rodar por mi rostro. Supe que Dios me estaba escuchando de forma personal.

 

Entonces, luego de pedir perdón, sentimientos de paz y de gozo invadieron mi pecho. Pude reconocer que la oración es más que un acto de dar gracias y pedir cosas temporales. Es una oportunidad para hablar con Dios, quien me ama, me conoce y está dispuesto a bendecirme.

 

Mi vida cambió esa noche. La experiencia de orar se volvió sagrada. Las oraciones que hacía eran buenas pero rutinarias. Ahora son una experiencia en la que le cuento mi día a Dios. Es el momento en donde Él me escucha atento y, si lo deseo profundamente, se convierte en una experiencia donde Él me habla a mí.

 

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