La música nos acerca al evangelio de Jesucristo

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La familia Pérez Cruz. De izquierda a derecha, Harold, Jairom, Luis Pérez, Shirla de Pérez y Désereth.

Cantar himnos es algo que nos edifica y nutre nuestro espíritu. La música nos acerca al evangelio de Jesucristo y nos ha permitido unirnos como familia.


Cuando Luis y yo nos casamos en el 2002, descubrimos que la música era algo que nos unía. El gusto por cantar en un coro de la Iglesia era algo que teníamos en común.

 

Desde el inicio de nuestro matrimonio, decidimos que haríamos de la música parte de nuestra vida. Desde entonces, asistimos a todos los coros de barrio, estaca o a donde nos invitan a cantar. Me gusta recordar cuando asistíamos a los ensayos como recién casados y cuando estaba embarazada. Después, con nuestros hijos en brazos y cuando apenas podían caminar.

 

Ellos se han unido a nosotros y juntos hemos hecho de la música una tradición familiar. Ahora que son adolescentes, ellos se incorporan a los coros a cantar o a interpretar sus instrumentos.

 

Con diversos sacrificios hemos apoyado el deseo de nuestros hijos de desarrollarse en la música.

 

Harold empezó a aprender a tocar su instrumento a los siete años, y poco tiempo después se propuso tocar los himnos durante la reunión sacramental. Jairom siguió su ejemplo y ahora ambos tienen oportunidades de tocar los preludios o acompañar algún himno en las reuniones dominicales. Me emociona saber que tienen el deseo de usar sus talentos para adorar al Señor.

 

Los himnos son algo que nos edifica y nutre nuestro espíritu. La música nos acerca al evangelio de Jesucristo y nos ha permitido unirnos como familia.

 

Escuchar a nuestros hijos interpretar himnos me llena de fe y fortaleza. Me hace muy feliz pensar que cuando sirvan una misión también podrán llegar al corazón de muchos hijos de Dios a través de la música.

 

Creo que cada familia y cada persona puede incluir la música de adoración en su diario vivir. De esta manera recibirán muchas bendiciones. El Señor ha dicho: “Porque mi alma se deleita en el canto del corazón; sí, la canción de los justos es una oración para mí, y será contestada con una bendición sobre su cabeza”. (D. y C. 25:12).

 

La música nos brinda a todos la oportunidad de compartir el Evangelio. El profeta Alma (hijo de Alma) declaró: “¡Oh, si fuera yo un ángel y se me concediera el deseo de mi corazón, para salir y hablar con la trompeta de Dios, con una voz que estremeciera la tierra, y proclamar el arrepentimiento a todo pueblo!” (Alma 29:1).

 

Sé que no somos ángeles, pero somos miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y podemos compartir nuestro testimonio a través de la música.

 

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