La “recomendación”, a un paso del cielo

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La hermana Trochez comparte que el tener una recomendación vigente del templo, indica que estamos preparados. Photo credit: Irma Trochez

Al prepararme para ir al templo, me sentí a un paso del cielo. Entendí cuán sagrado era mi deber de prepararme para entrar a la Casa de Señor, esto requería que me esforzará por mantenerme firme y obediente a los mandamientos del Señor.


Desde que tengo memoria, mis padres me han enseñado la importancia de mantenerme digna para ser merecedora de las bendiciones de nuestro Padre Celestial. Mucho antes de cumplir 12 años, me instruyeron para la experiencia de entrar al templo por primera vez y hacer obra vicaria.

 

Al prepararme para ir al templo, me sentí a un paso del cielo. Entendí cuán sagrado era mi deber de prepararme para entrar a la Casa de Señor, esto requería que me esforzara por mantenerme firme y obediente a los mandamientos del Señor, ya que tendría una entrevista con el obispo. Con ayuda del Espíritu, mi obispo sabría si realmente estaba preparada para entrar al templo y luego me entregaría la recomendación para el templo.

 

Con el paso del tiempo, he aprendido que la recomendación representa mucho más que una pequeña tarjeta de verificación. Hablamos de algo que refleja la intención profunda y espiritual de que nos esforzamos por vivir las leyes del Señor. Nuestra recomendación es la puerta que abre los cielos para nosotros y para las personas que ya han pasado el velo, lo que nos permite poder realizar las ordenanzas con significado eterno.

 

El tener nuestra recomendación del templo siempre vigente, indicará que estamos preparados. El presidente Howard W. Hunter, décimo cuarto Presidente de la Iglesia, dijo:

 

“Invito a los Santos de los Últimos Días a considerar el templo [y la recomendación] como el gran símbolo y el centro donde se realizan sus convenios más sagrados. Es el deseo más profundo de mi corazón que cada miembro de la Iglesia sea digno de entrar en el templo (“Preciosas y grandísimas promesas”, Liahona, enero de 1995, pág. 9).

 

 

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