Lo que aprendí de la oración de Missael

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Missael solo tiene cuatro años. Pero al igual que muchos niños, tiene una relación muy cercana con nuestro Padre Celestial.

Trabajar en la Primaria me ha permitido entender el Evangelio de maneras simples y sencillas, gracias a los niños.


Soy líder de la Primaria desde el 2015 y actualmente soy la presidenta de la Primaria del barrio, en donde tengo a mi cargo a 25 niños. Cada uno de ellos me ha enseñado cosas hermosas del Evangelio a través de actos tan sencillos como decir una breve oración.

 

Puedo citar muchas Escrituras o discursos maravillosos que nos hablan de la importancia de hablar con nuestro Padre Celestial y del poder de la oración. Pero fue la oración de Missael E., un niño de cuatro años, la que me enseñó cuán especial debería ser la relación entre Dios y el hombre, y la responsabilidad que tenemos como adultos de enseñarles a los niños a amarlo y hablar con Él.

 

Hace unos meses, se le pidió a Missael dar la primera oración en una clase. Él se puso frente a todos los niños, cerró los ojos, cruzó los brazos y empezó a hablar con el Padre Celestial. Cuando llegó el momento de dar gracias, las palabras dejaron de fluir. No recordaba aquello por lo que quería dar gracias, así que lo resolvió muy fácil.

 

“Y gracias por… eso que no me acuerdo cómo se llama, pero Tú sí sabes qué es…’’.

Me maravilló ver cómo un niño de cuatro años reconoce que Dios conoce sus deseos y puede entender lo que piensa y siente, a pesar de que él no lo pueda expresar con palabras concretas. Me mostró también que era un niño que sentía el amor de Dios, porque aunque no podía expresarse bien, sabía que Él lo entendería.

El Señor conoce nuestro corazón y esencia. Cuando reconocemos que el amor de Dios es para todos de manera individual, para cada uno por nombre, el enfoque de nuestra vida puede cambiar y nuestras acciones pueden estar alineadas con la voluntad del Padre Celestial.

 

La hermana Jean A. Stevens, quien era primera consejera de la Presidencia General de la Primaria, enseñó que “Nuestro Padre Celestial sabe que los niños son una llave para ayudarnos a llegar a ser como Él’’ (“Llegar a ser como un niño pequeño”, conferencia general de mayo de 2011). ¡Cuánta verdad hay en sus palabras!

 

Gracias a los niños y mi trabajo en la Primaria, he comprendido la esencia del Evangelio a través de cosas simples y sencillas. Sin embargo, es necesario que los padres asuman su compromiso de enseñar el Evangelio a sus hijos.

 

El élder Jorge M. Alvarado enseñó que no debemos suponer que nuestros hijos aprenderán a amar el Evangelio por sí solos. “Es nuestra responsabilidad enseñarles”, dijo (“Después de la prueba de nuestra fe”, conferencia general de octubre de 2019).

 

He podido ver que los padres de Missael se esfuerzan por enseñarle a disfrutar las enseñanzas del Evangelio, especialmente por medio de las oraciones familiares. El profeta nos ha invitado a tener un hogar centrado en Cristo. Eso requiere de esfuerzos constantes y de unidad entre padres, hijos y líderes. Al ser un equipo de trabajo podemos, juntos, luchar contra el poder del adversario.

 

Para más información:

“Hogar y familia”

“Noche de hogar para la familia”

“Primaria”