Los desafíos de la vida

Los desafíos de la vida

Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dice Jehová. (Isaías 55:8)

Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dice Jehová.
(Isaías 55:8)
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A menudo en nuestra vida nos enfrentamos a situaciones que no son sencillas y en las cuales solemos hacernos preguntas del “porqué” de esas situaciones y no siempre dichas preguntas son sencillas de responder.

Algunos de los retos personales que enfrentamos —tales como, la muerte de un ser querido, las enfermedades, la traición de un amigo, el testimonio falso de alguien conocido, la pérdida del empleo o un desafortunado revés económico— a menudo no son situaciones sencillas de conciliar con lo que pensamos, y en tales circunstancias se hace necesario el amoroso apoyo de quienes nos rodean.

A veces, lo más difícil en esos momentos es reconocer que nuestro Padre Celestial sabe de la situación, que nos conoce, que nos ama y que no nos está castigando, aunque por el momento no comprendamos la razón de la prueba, Sus caminos y Sus pensamientos siempre serán más elevados, llenos de amor y de una perspectiva eterna.

En esos momentos podría parecer que nuestros fundamentos doctrinales o nuestra fe no son tan firmes como pensamos. Podríamos sentirnos tentados a cuestionar las verdades que hemos dado por sentadas y las experiencias espirituales que han moldeado nuestra fe.

¿Qué hemos de hacer cuando la duda nos asalta el corazón? ¿Hay respuestas para las preguntas difíciles? Sí, las hay. De hecho, todas las respuestas —todas las que son correctas— dependen de la respuesta a tan sólo una pregunta: ¿Confío en Dios más que en todos los demás? Hay una verdad plena y es que Él desea bendecirnos a Su manera y con Su poder.

Separar la luz de las tinieblas

Separar la luz de las tinieblas

En el libro de Génesis en el Antiguo Testamento aprendemos de la maravilla de la creación, y de esta misma podemos aplicar algunos principios: En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Haya luz, y hubo luz. Y vio Dios que la luz era buena, y separó Dios la luz de las tinieblas. (Génesis 1: 1-4, cursiva agregada)

Al hacer una segunda lectura de estos versículos podríamos aplicarlos a nuestra vida y compararlos con pensar que tal como la tierra en el principio, hay ocasiones en las que nuestra vida, sea cual sea la razón, puede encontrarse desordenada y vacía. Mas gracias al gran amor de un Dios que lo sabe todo dijo que hubiera luz, y hubo luz…esa luz puede sin duda ser la “luz” del Evangelio de Jesucristo, el maravilloso plan de la felicidad, y la misericordiosa dádiva de la expiación de nuestro Salvador. Así que a la luz del evangelio, podemos con fe, separar la luz de las tinieblas de nuestra vida. Y aunque no sea un proceso sencillo el resultado traerá paz y consuelo.

En la Conferencia General de octubre de 2013, el presidente Dieter F. Uchtdorf dijo:

“Es natural tener preguntas; la semilla de la duda honesta por lo general germina y madura hasta convertirse en un gran roble de entendimiento. Hay pocos miembros de la Iglesia que, en algún momento u otro, no hayan luchado con preguntas serias o delicadas. Uno de los propósitos del Evangelio es nutrir y cultivar la semilla de la fe, incluso algunas veces en el arenoso suelo de la duda y la incertidumbre. La fe es la esperanza de cosas que no se ven pero que son verdaderas.

“Por lo tanto, mis queridos hermanos y hermanas, mis queridos amigos, les pido, primero duden de sus dudas antes que dudar de su fe. Nunca debemos permitir que la duda nos mantenga prisioneros y nos prive del amor, la paz y los dones divinos que vienen mediante la fe en el Señor Jesucristo”.

Paciencia en las aflicciones y confianza en el Salvador

Personalmente siempre he pensado mucho en el relato de la mujer, quien había padecido de flujo de sangre por doce años. Esa mujer no solo había sufrido tal padecimiento por tan largo tiempo, sino que había sufrido durante el tratamiento mismo sin mejora alguna, y además gastó todos sus recursos sin ver el resultado esperado. Imagino cuan cansada debió haber estado, cuan apenada por su condición debió estar ante sus conocidos, y cuanto habrá llorado en silencio, mas sin darse por vencida persistió en buscar ser sanada.

Cuando ella oyó hablar de Jesús, se acercó por detrás entre la multitud y “tocó su manto”, ella se decía: “Si tocare tan sólo su manto, quedaré sana”. Después de hacerlo al instante la fuente de sangre se secó, y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel padecimiento.

“Jesús, conociendo en sí mismo que había salido virtud de él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos?...Y él miraba alrededor para ver a la que había hecho esto. Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella se había hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad. Y él le dijo: Hija, tu fe te ha sanado; ve en paz y queda sana de tu aflicción” (Marcos 5:30-34). Para esta mujer la bendición de la salud vino después de que ella había hecho todo lo posible por ser sana; y fue sanada por el poder de el Salvador quien todo lo puede.

Trato de imaginar la emoción que tuvo al sentirse sana y libre del padecimiento de tantos años. Pienso en cual debió ser la expresión en su rostro luego de esa gran experiencia. La imagino llegando a casa y con humildad dando gracias por el milagro. Ese día por la noche, por primera vez después de muchos años dormiría con tranquilidad y comodidad así como llena de gratitud.

Seamos valientes

Seamos valientes

Aún cuando nuestras aflicciones parezcan interminables y en nuestra mente llegue a haber tinieblas por la duda o el dolor, recordemos que siempre habrá un tenue rayo de luz que nos puede iluminar, que nos impulse a actuar con fe en el Señor para ser sanados o librados de cualquier aflicción que a nuestra vista pudiera parecer imposible de quitar. El Salmista dijo: “Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él, y él lo hará. Y exhibirá tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía. Guarda silencio ante Jehová, y espera con paciencia en él” (Salmos 37:5–7 cursiva agregada).

El presidente Thomas S. Monson dijo: “Es imposible mantenerse erguido cuando uno planta sus raíces en la arena inestable de las opiniones y la aprobación popular… Todos sentiremos temor, seremos ridiculizados y afrontaremos oposición. Tengamos, todos nosotros, el valor de desafiar la opinión popular, y la valentía de defender nuestros principios”. (Presidente Thomas S. Monson, “Esfuércense y sean valientes”, Liahona, mayo de 2014, págs. 68–69).

Recuerden que “Sus pensamientos y Sus caminos no son nuestros caminos”, y que con Su gran amor e infinita misericordia Él nos bendecirá a Su manera y con Su poder.