Me sentí importante y aliviada 

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La hermana Quintanilla menciona que el primer llamamiento es el de ministrar. Photo credit: Patricia Quintanilla

“Cuando las hermanas nos visitan, siempre traen paz a nuestras almas y nos hacen sentir amadas”.


Poco después de haberme bautizado, recibí la visita de, en ese entonces, mis maestras visitantes, hermana Segura y hermana Fernández, de origen costarricense. Recuerdo las palabras que ellas sembraron en mi corazón: 'Seremos sus maestras y le ayudaremos a comprender las enseñanzas del evangelio de Jesucristo'. Seguido de eso me preguntó una de ellas: “¿Hay algo que necesite de nosotras?”, a lo que yo respondí, “¡No!”. Me sentí diferente que alguien extraño me brindaba su ayuda sin esperar nada a cambio, que hermosa experiencia saber que podía contar con ellas. Agradezco de corazón a esas hermanas que siempre estuvieron pendiente de mi progreso espiritual, han pasado 24 años y he estado activa en la Iglesia siempre.

 

Al recordar el convenio bautismal, me viene a la mente esta escritura '...y estáis dispuestos a llevar las cargas los unos de los otros para que sean ligeras...'1, me doy cuenta que el primer llamamiento es el de ministrar.

 

Podemos sentir gozo y consuelo

 

Hace poco tuve una experiencia similar a la anterior, me sentí importante y aliviada al recibir en mi casa a dos hermanas, hermana Hernández y hermana Castillo. Me repitieron palabras similares a las que escuché años atrás: “¡Estamos aquí para ayudarle!”. Pude experimentar un gran sentimiento de gozo, sus palabras de consuelo me reaniman para poder seguir ministrando a otras y ayudarles. Se imaginan si yo me sentí así, ¿cómo se pueden sentir muchas hermanas que necesitan de consuelo, amor y atención? También tenemos la oportunidad de compartir nuestro testimonio con ellas. La ministración ha sido una revelación inspirada desde lo alto, cuando las hermanas nos visitan siempre traen paz a nuestras almas y nos hacen sentir amadas. No olvidemos que somos las manos de Cristo, ayudando a llevar las cargas los unos de los otros.

 

Sé que estoy en la verdad. Sé que Jesucristo vive y que hay un profeta viviente que nos guía aquí en la tierra.

 

Referencias:

 

Mosíah 18:8-9

 

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