Mi decisión de seguir a Cristo es un acto de perseverancia y fe

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Marcela decidió perseverar y permanecer firme en el Evangelio hasta el momento de su bautismo. Aquí aparece junto a su madre, María Lozano.

“La perseverancia es un principio importante dentro de la doctrina de Jesucristo. Es importante porque la calidad de nuestro futuro eterno es proporcional a nuestra habilidad de perseverar en rectitud”. (Élder Richard J. Maynes, Setenta Autoridad General)


Marcela es una joven de 17 años de la estaca La Libertad en El Salvador, quienes la conocen la describen como una joven alegre, perseverante y llena de fe.

 

Ella y su mamá, la hermana María Lozano conocieron la Iglesia mientras las misioneras contactaban e invitaban a clases de inglés a vecinos cercanos al edificio de la Iglesia. Era el año 2014, cuando ambas aceptaron escuchar el mensaje de las misioneras y conocer más de la Iglesia.

 

Marcela estaba por cumplir 12 años, y junto a su mamá empezaron a participar de las actividades de la Iglesia, recibían las lecciones misionales y asistían los domingos a la reunión sacramental. Un par de meses después, el 28 de diciembre de 2014, la hermana Lozano se bautizó en la Iglesia; sin embargo, Marcela no recibió en ese momento el permiso de su padre para bautizarse y hacer convenios.

 

Su papá estaba de acuerdo en que participara de las actividades de la Iglesia, pero pensaba que Marcela estaba muy pequeña para tomar una decisión tan importante como lo es el bautismo; sin desanimarse Marcela siguió participando de las actividades sociales, los programas de la Iglesia y las reuniones dominicales.

 

El camino a la conversión

 

El templo fue vital en el proceso de conversión para Marcela. Una vez al mes asistían al templo como barrio. Marcela no podía entrar, pero participaba del viaje. Para ella, el estar cerca de la Casa del Señor, caminar por los jardines del templo y esperar en el lobby eran momentos que afirmaban su deseo de seguir al Señor con perseverancia y fe.

 

A la edad de 14 años, Marcela recibió la invitación de participar del programa de seminario y sin dudar decidió inscribirse. Todo lo que significara aprender más de las escrituras era bien recibido por ella. Líderes y jóvenes de su barrio eran manos amigas, de manera que aprender de las escrituras cada día significaban una bendición. Nunca sintió que fuese una extraña, las jóvenes de su barrio le integraron como una de ellas, se sentía entre amigas.

 

La oración de fe trae milagros

 

Marcela tenía tres años de asistir a la Iglesia cada semana. Un día decidió orar y pedir con fe a Dios para que su papá diera el permiso para poder bautizarse, en sus propias palabras esta fue su experiencia: “Decidí orar cada noche pidiendo que Dios ablandara el corazón de mi papá y pudiera bautizarme en la Iglesia. Un día mientras platicábamos como familia, mi papá me dijo que ya que estaba por cumplir 15 años y había decidido que podía tomar algunas decisiones incluyendo el bautismo si era mi deseo; ese día sentí que Dios había escuchado mi súplica y recompensado mi esfuerzo por tres años.

 

“Decidí bautizarme un día antes de mi cumpleaños, así que el viernes 15 de diciembre de 2017 entré a las aguas del bautismo; para mí ese se convertía en el día más importante de mi vida. Mi nacimiento espiritual significaba todo para mí. El saber que Dios perdonó mis faltas y estaba dispuesto a bendecirme con la compañía del Espíritu Santo era el mejor regalo que podía tener”.

 

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Marcela esperó tres años para bautizarse, ese día se convirtió en el más importante de su vida.

La fe, un principio de acción

 

La escritura favorita de Marcela es: “Y ahora bien, como decía concerniente a la fe: La fe no es tener un conocimiento perfecto de las cosas; de modo que si tenéis fe, tenéis esperanza en cosas que no se ven, y que son verdaderas” (Alma 32:21).

 

Marcela es una joven de fe, una vez obtuvo un testimonio de la verdad no se alejó de la Iglesia, esa decisión fue un camino de permanecer firme y constante por tres años, y sigue siendo una decisión de perseverar en las cosas que ella cree que son verdaderas.

 

Seis años después, Marcela se ha graduado del programa de seminario, concluyó su Progreso Personal (reconocimiento que antes se les entregaba a las mujeres jóvenes al cumplir metas), entró al templo y ha participado de las bendiciones de la historia familiar. Se mantiene firme en su decisión de seguir a Cristo, sirve a otras jóvenes y se prepara para servir una misión de tiempo completo.

 

“Si tuviera que esperar toda una vida, o abandonar lo que tengo por el evangelio de Jesucristo, no dudaría en perseverar con fe”, concluye Marcela.

 

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