Ministrar a la hermana Delfina

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Tuvimos la oportunidad de brindar amor y apoyo a Delfina, una hermana fiel.

La hermana Delfina, quien asiste fielmente a la Iglesia, comenzó a ausentarse. Al visitarla supimos que era debido a problemas de salud. Por su condición no tenía alimentos y no podía prepararlos.

 

Entonces expliqué a las hermanas del barrio la situación de la hermana Delfina y solicité su apoyo con alimentos preparados. Al principio miraba la lista y tenía tantos espacios vacíos que no sabía si lo lograría. Vino a mi mente el himno número 73: “Yo sé que vive mi Señor; consuelo es poder saber que vive aunque muerto fue y siempre Su amor tendré. Él vive para bendecir, y ante Dios por mí pedir. Él vive para sustentar y a mi alma alentar”.

 

Empecé a pedir apoyo a las hermanas de la Sociedad de Socorro y las ventanas de los cielos se abrieron. Hermanas que vivían distantes se desplazaban para llevarle alimento a esta hija de Dios.

 

Recuerdo que una noche tuve que llevar a Delfina al hospital y quedarme con ella casi hasta medianoche, y al partir mi corazón estaba henchido de gratitud por la oportunidad que tenía de brindar amor y apoyo y transmitirle a Delfina que nunca estará sola.

 

Fue muy especial saber que una hermana con un hijo con síndrome de Down y con una situación económica difícil actuó como la viuda que dio su último puñado de harina para compartir y su vida ha sido bendecida con trabajo y otras bendiciones para su familia.

 

Me siento agradecida con mi Padre Celestial por esta oportunidad de ser un instrumento en sus manos al seguir el ejemplo de mi Salvador Jesucristo.