No estás solo

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“Cuando más sola me he sentido, recuerdo a Jesucristo, que Él me ama y en dulce paz me envuelve”, dice Beatriz Sarahí N.

Aquí en donde ahora vivo no hay una rama organizada de la Iglesia, pero he podido encontrar la forma de vivir el Evangelio. Mi Padre respondió mi oración del corazón cuando encontré una clase de Seminario a la que podría asistir por medio de la tecnología.


Tengo quince años, y nací dentro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Amo a mi Padre Celestial, y sé que Él me ama a mí.

 

Hace ya varios años, mis papás se separaron. Era yo muy pequeña cuando esto pasó. Vivíamos en la Ciudad de Guatemala, y allí podíamos ir a la Iglesia cada domingo. Me encantaban las clases de la Primaria, y me gustaba mucho el colegio a donde iba. No fue para nada fácil vivir la separación de mis padres, pero he encontrado formas de mantenerme bien y perseverar.

 

Luego de la separación nos mudamos a otra parte de la ciudad, pero ahora vivimos en un pueblo que se llama Atescatempa, en el departamento de Jutiapa, Guatemala. Es un lugar muy bonito y tranquilo cerca de la frontera con El Salvador. Este es el pueblo en donde mi mamá nació.

 

Aquí en donde ahora vivo no hay una rama organizada de la Iglesia. Tampoco hay una capilla a donde podamos asistir. La capilla más cercana nos queda un poco lejos, más o menos a 45 minutos. Tenemos que pagar transporte colectivo para llegar, y no nos es posible.

 

Mi mamá, mis hermanas y yo somos los únicos miembros de la Iglesia en este pueblo, y eso significa que tampoco hay miembros en el colegio. Esto no es fácil. Los valores morales de los demás son distintos a los nuestros, y claro, enfrentamos tentaciones. Pero eso no importa, porque yo sé que el Salvador está conmigo. He podido encontrar la forma de vivir el Evangelio.

 

Cuando yo era muy pequeña, mi mamá acostumbraba ponernos los discos con las canciones de la Primaria. Muchas las aprendí de memoria y en verdad me han servido mucho.

 

Cuando más sola me he sentido, recuerdo a Jesucristo, que Él me ama y en dulce paz me envuelve. En momentos difíciles recuerdo que hacer lo correcto en un lugar donde pocos han escuchado del Evangelio dice mucho del amor que tenemos para dar.

 

Tenía mucho miedo de no poder asistir a las clases de Seminario. Para mí, estudiar las Escrituras es muy importante, y sé que Seminario es un programa importante para los jóvenes. Con una oración de fe que hice, y con la ayuda de mi mamá, el Padre contestó mi súplica. Mi mamá habló con una amiga y supo que su hija estaba dando clases de Seminario en línea. ¡Yo no lo podía creer! Hicieron arreglos con Seminarios e Institutos, y terminé dichosamente mi primer año de Seminario por medio de la tecnología.

 

Hice nuevos amigos, y los veía cada mañana a las 4:45. No nos conocimos en persona, pero, aun así, yo podía sentir su cariño. Estoy muy agradecida por esa experiencia que me hizo saber con seguridad que mi Padre Celestial está pendiente de mí y de las cosas que yo necesito.

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Sarahí dice: “Si mi Padre me ayudó a mí, también puede ayudar a cada joven que esté pasando por situaciones difíciles”.

Sé que no soy la única persona que ha tenido que pasar por el divorcio de sus padres en la vida, pero sé con mucha certeza que el Padre siempre estuvo, está y estará para nosotros. A muchos jóvenes hoy en día, la separación de sus padres los ha llevado a tomar decisiones equivocadas.

 

Pienso que, si somos más como Cristo y guardamos los mandamientos, somos una luz al mundo. Las tinieblas desaparecen para nosotros y para quienes tenemos cerca. El Salvador nos ama y ha confiado en nosotros para levantar a Su pueblo. Y al hacer esto, las bendiciones serán en abundancia.

 

Yo encontré consuelo en los himnos, y mi Padre respondió mi oración del corazón cuando encontré una clase de Seminario a la que podría asistir. Si Él me ayudó a mí, también puede ayudar a cada joven que esté pasando por situaciones difíciles. Descubrí que solamente tenemos que orar y tratar con todo el corazón.