Nuestras experiencias de servicio en el templo

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Roberto y Argentina Ocampo han servido misiones en dos templos de Centroamérica. Esperan servir en el que se construirá en San Pedro Sula, Honduras.

Obedecimos la invitación para que más parejas mayores sirvieran en el campo misional. El Señor nos envió primero a Guatemala, como preparación para lo que debíamos hacer años después en el templo de nuestro propio país.


No sabíamos que el Señor nos estaba preparando para cosas muy sagradas y especiales cuando recibimos nuestro primer llamamiento como pareja de esposos. Nuestra primera asignación, que entonces creímos sería la única, fue para servir en el Templo de la Ciudad de Guatemala.

La misión empezó el 19 de julio de 2011 y terminó el 30 de agosto de 2012. Fue un tiempo de hermosas experiencias en la Casa del Señor, en donde se nos dio la oportunidad de servir como segundo consejero de la presidencia del templo, y como asistente de la directora de las obreras.

Además de toda la instrucción que recibimos para ser obreros de las ordenanzas, fue maravilloso relacionarnos con participantes que llegaban de diferentes partes de Guatemala y de los países vecinos de El Salvador, Nicaragua, Belice y nuestro país (Honduras).

En aquel entonces no imaginábamos que todas estas experiencias eran la preparación para el llamamiento que recibimos el 30 de agosto de 2012. Fue a través de una videoconferencia con el presidente Henry B. Eyring de la Primera Presidencia, quien nos extendió el llamamiento para servir como el primer presidente del recién construido Templo de Tegucigalpa, Honduras, y como la directora de las obreras.

Nos quedamos sorprendidos y asustados por tan grande responsabilidad, pero sabíamos que el Señor prepararía la vía para que cumpliéramos lo que nos estaba pidiendo hacer. Fuimos apartados en la oficina del presidente Dieter F. Uchtdorf, en Lago Salado, Utah, el 16 de octubre de ese año.

Recibimos grandes bendiciones y promesas condicionadas a la obediencia de los convenios contraídos con nuestro Padre Celestial. No podemos olvidar toda la preparación que tuvimos antes de regresar a Tegucigalpa. Nos congregamos junto a otros 51 presidentes de templo y sus esposas, para participar en un seminario de instrucción sobre la obra del templo y el gran Plan de Salvación.

Después de esas reuniones edificantes, regresamos a Honduras para iniciar la labor que el Señor requería. Lo primero que tuvimos que hacer fue orar, meditar y pedir la guía del Señor para proponer los nombres de dignos poseedores del sacerdocio, con gran experiencia en el liderazgo de la Iglesia, para ser llamados como consejeros de la presidencia del templo y otros como selladores. La Primera Presidencia aceptó las sugerencias y fueron llamados. Luego, con la ayuda de las presidencias de estaca, se llamaron 903 obreros y obreras.

Todo esto se hizo como dice la escritura en Jacob 5:61, “Ve, pues, y llama siervos para que trabajemos diligentemente con todo nuestro empeño en la viña...”.

El presidente Uchtdorf dedicó el templo el 17 de marzo de 2013. El día siguiente se realizó la primera sesión de investidura para las Autoridades Generales visitantes y miembros con invitación especial. Ese día y todos los siguientes, se sintió un espíritu especial en todas las instalaciones de la Casa del Señor.

Fue maravilloso ver una gran cantidad de hombres y mujeres jóvenes vestidos de blanco para realizar bautismos y confirmaciones vicarias. Nos sentimos agradecidos por los adultos solteros que llegaban para ser investidos con poder antes de salir a predicar el Evangelio a las naciones. Nos hizo sentir gran gozo el ver a las parejas que acudían al templo para ser sellados como esposos por tiempo y eternidad. Muchas veces derramamos lágrimas, pero todas esas lágrimas fueron de gozo.

Las parejas adultas que sirven a tiempo completo son vitales para avanzar en la obra del templo. El Señor nos bendijo con cuatro de ellas, que eran incansables a pesar de su edad. Las noches de hogar en la casa de huéspedes cada lunes nos ayudaron a mantenernos unidos con los líderes y obreros del templo. Cada dos meses viajábamos como grupo a visitar diferentes unidades. Recordamos con cariño que al finalizar cada año, realizamos un convivio navideño con todos los obreros.

Reconocemos que durante ese tiempo de servicio, también vivimos situaciones difíciles. Siempre debe haber “una oposición en todas las cosas”, como lo enseñó Lehi a su hijo Jacob (véase 2 Nefi 2:11).

Por ejemplo, cuando estábamos por cumplir tres meses en nuestro llamamiento, sufrimos un accidente vehicular del que de milagro salimos ilesos. Regresábamos de entrevistar obreros de Tegucigalpa y Comayagua cuando ocurrió el incidente. Nuestro hijo tuvo que contratar una grúa para llevar a casa el auto semidestruido. Teníamos golpes leves en el cuerpo, pero seguimos adelante sirviendo con firmeza en Cristo.

Al terminar nuestro servicio, recibimos un relevo honorable de nuestro llamamiento. Ahora que se ha anunciado la construcción de un nuevo templo en la ciudad de San Pedro Sula, donde tenemos nuestra residencia, estamos ansiosos por prestar servicio como obreros de las ordenanzas y gozar nuevamente de la paz y la espiritualidad que se sienten en la casa del Señor.

Testificamos del gran amor que nuestro Padre Celestial y su hijo Jesucristo tienen por cada uno de sus hijos, y sabemos que la edificación de los templos es una muestra de ello.

 

Para más información:

“Misioneros mayores: responder al llamado del profeta”

“Templos”

“Misioneros mayores de tiempo completo”