Mensaje del Área

Prepárese para la conferencia general

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En la conferencia general pasada, nuestro profeta, el presidente Russell M. Nelson, nos invitó a que leyéramos nuevamente el relato de la Primera Visión como preparación para la próxima conferencia cuando celebraríamos los 200 años de ese gran acontecimiento.


Vivimos en un mundo de miedo, confusión y desesperanza a causa de que los hombres no escuchan las palabras de los profetas de Dios.

En los últimos días, el Señor enseñó a los miembros de la Iglesia la importancia de escuchar a nuestros profetas: “…daréis oído a todas sus palabras y mandamientos que os dará según los reciba, andando delante de mí con toda santidad;

“porque recibiréis su palabra con toda fe y paciencia como si viniera de mi propia boca.

“Porque si hacéis estas cosas, las puertas del infierno no prevalecerán contra vosotros” (D. y C. 21:4–6).

¡Qué bendición tenemos de poder seguir disfrutando en la actualidad de profetas y apóstoles que nos declaran las palabras de Jesucristo! La conferencia general de la Iglesia es un buen momento para prestar atención a Sus palabras. Para eso debemos preparar nuestros corazones de las siguientes maneras:

Orando y meditando. Nefi es un buen ejemplo de orar y meditar. Escuchó las palabras de su padre, el profeta Lehi. Las meditó y oró al Padre Celestial para poder entenderlas. Fue bendecido al explicárselas un ángel, y vio lo que su padre había visto (véase 1 Nefi 2:16; 11:1–6).

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Cuando oramos y meditamos, preparamos nuestro corazón para obedecer las palabras de nuestros líderes y aceptarlas. Sus enseñanzas se convierten en una gran bendición en nuestras vidas.

Escuchar atentamente sus palabras. Cuando escuchamos a nuestros profetas, vendrá mucha revelación a nuestras vidas y guía para hacer la voluntad de Dios. Al escuchar sus consejos, tendremos más fortaleza y podremos sobrellevar las pruebas en nuestra vida mortal.

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El profeta Nefi enseñó que “los justos que escuchan las palabras de los profetas… no perecerán” (véase 2 Nefi 26:8). En las Escrituras hay muchos ejemplos claros de cómo fueron bendecidas las personas al escuchar la voz del profeta.

Por ejemplo, Nefi escuchó la voz del profeta (su padre Lehi) y pudo obtener las planchas de bronce que poseía Labán (véase 1 Nefi 4). La viuda de Sarepta escuchó al profeta Elías, y la harina y el aceite jamás se escasearon de sus tinajas (véase 1 Reyes 17:8–16). La Reina Ester salvó a su pueblo al escuchar la voz del profeta (véase Ester 4:13–17; 7:1–4; 8:4–8, 17).

En la conferencia general pasada, nuestro profeta, el presidente Russell M. Nelson, nos invitó a que leyéramos nuevamente el relato de la Primera Visión (véase José Smith—Historia 1) como preparación para la próxima conferencia cuando celebraríamos los 200 años de ese gran acontecimiento. Seguí su consejo y obedecí.

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Al leer nuevamente el relato de la Primera Visión, mi entendimiento y mi testimonio del profeta José Smith se extendió y sentí gran agradecimiento por él. Vino la revelación a mi mente y mi corazón, y pude aumentar mi testimonio de la divinidad de Jesucristo y nuestro Padre Celestial.

Doy mi testimonio de que, si nos preparamos para escuchar a nuestros profetas con un corazón sincero, meditamos y escuchamos atentamente sus palabras, nuestras preguntas serán contestadas, nuestras cargas serán liberadas y las bendiciones del Altísimo vendrán a nuestras vidas.

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