Progreso sin limites

Progreso sin límites

Inicia la tarde de un sábado, se pueden escuchar risas, ruido de mesas, puertas que se cierran y abren. Se ven personas apuradas yendo de un salón a otro, todas con sonrisas en su semblante.  A la una en punto, los salones están listos, con mesas, sillas y pizarras, los alumnos sentados y atentos a sus maestros.  Dan inicio las clases como sucede cada sábado por la tarde.

Los ciento sesenta alumnos asistentes forman parte del exitoso programa de estudios de básicos y diversificado por madurez que inició en el año 2012 en la Estaca Villa Nueva El Frutal, Villa Nueva, Guatemala. 

Este programa dio inicio en el corazón de Luz Adriana Beteta, cuando ella asistió a la conferencia general de la Sociedad de Socorro con una gran inquietud: ¿Qué podía hacer para servir?  Ella sentía el deseo de ayudar, de compartir, de enseñar.  Al escuchar el discurso del presidente Dieter F. Utchdorf, Segundo Consejero en la Primera Presidencia, titulado, “No me olvides”, la hizo recapacitar y apreciar los dones de enseñanza con que ha sido bendecida.
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Luego, supo que dos hermanas de su barrio corrían peligro de ser despedidas de su trabajo por no tener estudios primarios.  En ese momento, su corazón se llenó de gozo ya que había encontrado la motivación y la oportunidad para servir.  Ayudaría a las hermanas que desearan terminar su educación primaria.

De inmediato, buscó ayuda, tanto celestial como terrenal.  Luz Adriana trabaja en el Ministerio de Educación de Guatemala, como maestra.  Sus compañeros de trabajo le ayudaron con ideas para organizar las clases.  El Instituto Eterna Primavera le ofreció el aval administrativo.

Al iniciar el año 2012, había 20 hermanas de la Sociedad de Socorro inscritas para terminar sus estudios de primaria.  Luz Adriana era una de las pocas maestras; poco a poco, se unieron otros voluntarios para enseñar.  Entre ellos se encuentra Josevictor Emanuel Samayoa, quien al regresar de la misión empezó a dar clases; luego, debido a la necesidad administrativa creciente, ayuda como un director técnico.

Culminaron el año escolar con trece alumnas,  quienes se graduaron de la primaria, llenas de deseos de continuar sus estudios secundarios.

Al ver el éxito obtenido, Luz Adriana y todos los maestros voluntarios planificaron los estudios para el siguiente año.  Hicieron publicidad con pequeños volantes, pero sobre todo, la información se propagó de amigo a amigo.  

A principios de 2013, Luz Adriana asistió a una capacitación de estaca, donde el tema principal era dar a conocer el Plan de Área de Centroamérica.  Uno de los objetivos es que cada joven/jovencita asistirá a la escuela, ganará el año y se esforzará por graduarse de la secundaria.  La Presidencia de Estaca le pidió a Luz Adriana que incluyera a 36 menores de edad en el programa por madurez, debido a que no podían asistir a clases regulares por diversos problemas familiares.

Así que en enero iniciaron el año escolar con 190 alumnos inscritos, miembros de la Iglesia y no miembros.  El rango de edad de los alumnos va de los 14 años a los 78 años. 
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Los alumnos del programa pagan solamente 30 quetzales por semestre, para cubrir las cargas administrativas del Ministerio de Educación.  Los maestros proporcionan su tiempo gratis, y a veces también los materiales para las clases.

Ahora el programa cuenta con la ayuda de 14 maestros voluntarios, quienes enseñan ocho clases durante el semestre. Estas son matemática, contabilidad, computación, ciencias naturales, ciencias sociales, expresión artística, inglés, comunicación y lenguaje.  Ya que es una educación por madurez, los alumnos mayores de edad cursan dos semestres en un año; cada semestre equivale a un año de secundaria.  En cambio los menores de edad, estudian un año a la vez.  Los planes para el próximo año escolar incluyen ampliar el programa e incluir primaria por madurez.

Las clases se desarrollan cumpliendo las normas de la Iglesia.  Se inician y terminan con una oración.  Los alumnos limpian el centro de estaca al terminar las clases. 

Luz Adriana, Josevictor y los demás voluntarios reconocen las bendiciones por servir; algunos han encontrado trabajo, otros han sido promovidos mientras participan en este programa.

Los alumnos que no son miembros también se dan cuenta de sus bendiciones. Han notado que sus vidas están mejorando, que sienten el deseo de cambiar sólo por estar en una capilla, además pueden sentir la influencia del Espíritu por medio de sus compañeros.

Luz Adriana Beteta es una persona que irradia paz, felicidad y gozo al estar sirviendo desinteresadamente.   Los alumnos siguen su ejemplo; son felices estudiando y progresando.