Servir una misión cuando tu familia no es miembro de la Iglesia 

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Es posible superar los desafíos que enfrentas mientras te prepararas para servir una misión de tiempo completo.

“Mi familia pensaba que era una locura dejar mis estudios e ir a predicar a otro país. Aun así, llené mis papeles esperando un milagro”.


Muchos jóvenes son los únicos miembros de la Iglesia en su familia. Con gran determinación se esfuerzan por continuar su progreso y permanecer fieles. Aun con una sincera determinación por permanecer en la senda de los convenios, con frecuencia encuentran oposición.

 

Estos cuatro jóvenes valientes relatan la experiencia que tuvieron mientras se preparaban para servir una misión de tiempo completo:

 

Élder Jimmy Albert Ardón, Rama Dolores, Distrito Santa Rosa de Copán Honduras

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El élder Jimmy Albert Ardón fue asignado a servir en la Misión Guatemala Retalhuleu.

“En el 2015 un amigo de toda la vida envió a los misioneros a mi casa. Me invitaron a leer y preguntar a Dios si el Libro de Mormón y La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días eran verdaderos. Al hacerlo encontré muchas respuestas y verdades.

 

“Aunque no estaban de acuerdo, mi familia me acompañó a mi bautismo. Así, al continuar mi progreso empecé a tener un creciente deseo de servir una misión de tiempo completo. Comencé a prepararme en medio de muchas dificultades. Mi familia pensaba que era una locura dejar mis estudios e ir a predicar a otro país. Aun así, llené mis papeles esperando un milagro. Ayuné pidiendo que el Señor agilizara los trámites y también que tocara el corazón de mi mamá.

 

“Cuando tramitábamos mi pasaporte, mi madre me dijo que estaba de acuerdo con que yo sirviera una misión. Envié mis papeles y de nuevo mi mamá volvió a cambiar de parecer, pero aceptó ir conmigo a una reunión con mi presidente de rama. Nos habló por unos momentos y luego otros que se unieron para compartir sus sentimientos sobre la misión. Mi mamá pudo reconocer el fuerte sentimiento del Espíritu y finalmente accedió. ¡Qué felicidad! Entendí que siempre habrá oposición, pero el Señor jamás nos abandona”. —Élder Jimmy Albert Ardón

 

 

Élder Francisco Perdomo, Barrio La Paz, Estaca La Lima Honduras

 

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El élder Francisco Perdomo fue asignado a servir en la Misión México Tampico.

“Cuando empecé la universidad, conocí a una joven que pertenecía a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Todo lo que me compartió me llamó la atención. Empecé a asistir a la reunión sacramental y sentí mucha paz y un espíritu de reverencia al participar de la reunión, algo que nunca había tenido.

 

“Era menor de edad, y mis padres no permitieron que los misioneros me visitaran. Entonces busqué lecciones con misioneras de un centro de enseñanza en línea. Me siento muy agradecido porque recibí una preparación sólida que me hizo empezar a tomar mis propias decisiones.

 

“Cuando me sentí seguro, le expliqué a mi familia que deseaba continuar asistiendo a la Iglesia y bautizarme. ¡Y lo logré!

 

“Los siguientes años fueron difíciles, pero encontré ánimo y consuelo mientras servía como encargado de Historia Familiar, lo cual me ayudó a descubrir mi propósito y fortalecer mi testimonio. Un día asistí a un apartamiento misional, y el testimonio de mi amigo me llenó de un gran deseo de servir también como misionero.

 

“Mis propias debilidades me ayudaron a saber que dependía del Señor. Él permite que aun en nuestras imperfecciones, si somos dignos, le sirvamos y ayudemos a traer a otros al camino que conduce a la vida eterna. Las cosas pequeñas y sencillas como la oración y el ayuno hacen la diferencia”. —Élder Francisco Perdomo

 

 

Élder Omar Antonio Monroy, Rama Dolores, Distrito Santa Rosa de Copán Honduras

 

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Omar Antonio Monroy sirvió como misionero de tiempo completo en la Misión Nicaragua Managua.

“Decidí bautizarme cuando sentí el Espíritu durante las lecciones con los misioneros. Pero no contaba con el apoyo de mi familia.

 

“En ese proceso, mis padres notaron un cambio en mí. No podían creer que me levantara temprano, que cambiara mi forma de vestir, y que dejara el café. ¡Hasta mejoré mis notas en el colegio! Entonces me apoyaron en mi deseo de bautizarme.

 

“Mientras recibía mi bendición patriarcal, me di cuenta de que el servir una misión no era una invitación sino un mandamiento.

 

“Un día ayuné por sugerencia del presidente de misión. Al terminar mi ayuno, hice una oración y busqué a mi papá, quien me dijo cosas negativas acerca de servir una misión. Humildemente lo escuché sin alterarme y tratando de comprenderlo. Sentí mucha paz y sabía que el Espíritu me indicaba que fuera humilde y que respetara su opinión. Sé que el Espíritu también tocó el corazón de mi papá, quien finalmente me dijo: ‘Es tu decisión’, y firmó los papeles.

 

“Con gran fe había hecho todo lo que podía, y el Señor, en su debido tiempo, me ayudó con lo que hacía falta”. —Élder Omar Antonio Monroy

 

 

Élder Gustavo Ayes, Barrio La Sarrosas 1, Estaca Palermo Honduras

 

Barrio La Sarrosas 1 Estaca Palermo Honduras

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El élder Gustavo Tomé Ayes fue asignado a servir en la Misión Honduras Tegucigalpa.

“Un amigo de mi hermano lo invitó a participar en una actividad deportiva en la Iglesia. Desde entonces la vida de mi hermano cambió completamente. Después de varias lecciones con dos buenos misioneros, decidió bautizarse.

 

“Yo lo acompañaba frecuentemente a la Iglesia, pero al resto de la familia y a mí nos costaba aceptar las enseñanzas de los misioneros. Sin embargo, unos meses después decidí bautizarme. Mi hermano hizo la ordenanza. Él es un gran ejemplo para mí.

 

“Tiempo después, mi hermano salió al extranjero. Mi vida cambió totalmente, pues ambos nos apoyábamos en todo. Yo estaba muy desanimado porque era con él con quien compartía acerca del Evangelio. Antes de partir, mi hermano me dijo que jamás desmayara por más difícil que fuera el camino, pues yo había obtenido un testimonio y debía esforzarme por fortalecerlo

 

“Sus palabras me ayudaron a seguir adelante y empecé a prepararme para servir una misión.

 

“Había sido asignado a la Misión México Monterrey Este, pero por trámites migratorios, mi asignación cambió para la Misión Honduras Tegucigalpa. Me sentí muy feliz de poder ayudar en la obra del Señor, pues Él requiere que estemos dispuestos a servir en todo momento y en todo lugar.

 

“Sé que nuestro Padre nos ama inmensamente. Cuando nuestra fe está a prueba, tan solo debemos acudir a Él con un corazón quebrantado y un espíritu contrito. Amo Su obra y amo servir como misionero”. —Élder Gustavo Ayes

 

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