Sigamos a los profetas 

i
El élder Brian K. Taylor une su testimonio sobre los profetas, al de su tatarabuelo, John Taylor, tercer presidente de la Iglesia de 1808 a 1887.

Si escuchamos a los profetas, ungidos de Dios, Él hará que los cielos tiemblen para nuestro bien y no permitirá que las puertas del infierno prevalezcan en nuestras vidas.


Amo a los profetas videntes y reveladores de Dios. Estoy tan agradecido de que mi tatarabuelo, John Taylor, haya ido voluntariamente a la cárcel de Carthage, Illinois, Estados Unidos, para acompañar a su amigo y querido profeta, José Smith. Estuvieron juntos cuando José Smith fue martirizado.

 

John Taylor dijo de José Smith: “Me relacioné con José Smith durante años. He viajado con él. He estado con él en público y en privado; hemos estado juntos en toda clase de consejos; he escuchado cientos de veces sus enseñanzas en público, así como sus consejos más privados a sus amigos y colaboradores. He estado en su casa y he visto su modo de proceder con su familia. Le he visto comparecer ante tribunales de este país y le he visto salir honorablemente absuelto y libre de las perniciosas calumnias, maquinaciones y falsedades de hombres malvados y corruptos. Estuve con él cuando vivía y estuve con él cuando murió: cuando fue asesinado en la cárcel de Carthage por una turba despiadada…

 

“Le he visto en esas diversas circunstancias y testifico ante Dios, los ángeles y los hombres que era un hombre bueno, honorable y virtuoso, que sus doctrinas eran buenas, propias de las Escrituras y sanas, que sus preceptos eran los que corresponden a un hombre de Dios, que su carácter, tanto en público como en privado, era intachable, y que vivió y murió como un hombre de Dios y un caballero en toda la línea. Éste es mi testimonio”. 1

 

A este testimonio de John Taylor sobre José Smith, añado mi testimonio, como un testigo más del profeta viviente en la actualidad, el presidente Russell M. Nelson. Sé que es el profeta de Dios para nuestros días. Sé que tenemos un profeta viviente en Israel para bendecir nuestras vidas.

 

En la sección 21 de Doctrina y Convenios, versículos 4 al 6, leemos lo siguiente sobre los profetas: “Por tanto, vosotros, es decir, la iglesia, daréis oído a todas sus palabras [o sea las palabras de los profetas] y mandamientos que os dará según los reciba, andando delante de mí con toda santidad; porque recibiréis su palabra con toda fe y paciencia como si viniera de mi propia boca. Porque si hacéis estas cosas, las puertas del infierno no prevalecerán contra vosotros; sí, y Dios el Señor dispersará los poderes de las tinieblas de ante vosotros, y hará sacudir los cielos para vuestro bien y para la gloria de su nombre”.

 

¡Qué promesa! Si escuchamos a los profetas, ungidos de Dios, Él hará que los cielos tiemblen para nuestro bien y no permitirá que las puertas del infierno prevalezcan en nuestras vidas. Quiero contar dos breves historias de mis padres, Lowell y Marie Taylor, y de los padres de Jill, mi esposa, Vaughn y Marlene Featherstone.

 

Primero la historia de mi padre. Cuando yo era un niño pequeño, cada verano viajábamos a un lugar llamado Río Madison, en Montana, para pescar truchas. Era mi actividad favorita. En esos viajes, mi padre nos relataba historias sobre nuestra familia. Era la hora de los relatos, la historia familiar. Nos contaba lo que su padre, o sea mi abuelo, le decía siempre: “Yo he tomado la decisión de seguir a las Autoridades. Siempre voy a seguir a los profetas y, al hacerlo, todo va a salir bien”. En efecto, así fue; ¡absolutamente todo funcionó bien siempre!, así que él invitaba a mi padre a tomar esa misma decisión. Mi padre a su vez nos heredó a nosotros, sus cinco hijos varones, esa misma consigna familiar y puedo testificar también: “Yo siempre he seguido al profeta y las cosas han funcionado bien”. Ese era su testimonio que compartía mientras viajábamos de ida y de regreso del río para tener una maravillosa experiencia familiar al pescar juntos. Eso permaneció conmigo dentro de mi joven corazón y mi joven mente. También tomé la decisión de que, en mi vida, yo seguiría al profeta viviente de Dios.

 

i
Élder Brian K. Taylor de los Setenta y su esposa, Jill Featherstone Taylor.

Ahora la historia de los padres de Jill. Cuando los padres de Jill se sellaron en el Templo del Lago Salado, se fueron de luna de miel hacia un pueblo al sur de Utah. La primera noche, se detuvieron en un pequeño hotel para pasar la noche. Se arrodillaron para ofrecer una oración. Luego se sentaron al pie de la cama y hablaron de su futuro, de los principios y valores que deseaban tener en su futura familia. Ambos, esa primera noche en ese pequeño hotel como una pareja recién casada y sellada, decidieron que deseaban vivir una vida según el patrón de vida de los profetas y que harían todo lo posible para seguir lo que los profetas les habían enseñado.

 

Así que Jill, mi esposa, creció con este mismo deseo, un deseo casi anhelante, de seguir a los profetas de Dios porque sus padres le enseñaron eso. Y yo, en otro pueblo, crecí con el deseo, el compromiso de seguir al profeta de Dios porque mis padres amaban a los profetas.

 

Hay un versículo de las escrituras que me encanta y que quiero compartir; se encuentra en la sección uno de Doctrina y Convenios. El versículo 38 dice: “Lo que yo, el Señor, he dicho, yo lo he dicho, y no me disculpo; y aunque pasaren los cielos y la tierra, mi palabra no pasará, sino que toda será cumplida, sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo”.

 

Concluyo, como inicié, enfatizando el testimonio de John Taylor sobre José Smith. Este testimonio se expresó en un discurso, casi 20 años después de la muerte del profeta José Smith. Mi tatarabuelo, John Taylor, dijo: “Aun si ninguna otra persona sobre la tierra supiera que José Smith es un Profeta de Dios, yo sé que lo es, y doy testimonio de ello ante Dios, ante los ángeles y ante los hombres”. 2

 

Al servir en Centroamérica junto a mi esposa, comparto mi testimonio como un eco en el tiempo, al de mi tatarabuelo. Sé que José Smith es un profeta de Dios y doy testimonio de ello ante Dios, ante los ángeles y ante los hombres. Sé que, en nuestros días, Dios nos envió profetas y apóstoles vivientes, videntes y reveladores y yo sé que Russell M. Nelson es un profeta del Señor en la tierra en la actualidad.

 

Invito a cada uno de ustedes a que tomen la misma decisión de seguir a los profetas videntes y reveladores de Dios. Les prometo, en el nombre del Señor Jesucristo, que, al hacerlo, todas las cosas en sus vidas van a funcionar y van a funcionar bien. Les prometo que el Señor velará por ustedes y los cuidará de acuerdo con sus necesidades y sus deseos justos. En el nombre de Jesucristo. Amén.

 

 

NOTAS

  1. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 2002. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: John Taylor, Capítulo 9, José Smith, el Profeta de la Restauración, página 93.
  2. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 2002. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: John Taylor, Capítulo 9, José Smith, el Profeta de la Restauración, página 89.

 

Artículos relacionados: