Somos hijos privilegiados

Somos hijos privilegiados
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Me ordenaron diácono el diez de abril de 2015, al poco tiempo me entrevistaron para ser el presidente del cuórum de diáconos. Somos pocos los que siempre asistimos los domingos. Cada vez que nos reunimos como hombres jóvenes, recibimos clases que nos inspiran. Nuestros líderes nos ayudan para ir a visitar e invitar a los jóvenes de nuestra edad que no están asistiendo para que participen de las actividades y puedan repartir la santa cena.

Siempre que podemos tratamos de estar temprano antes de que comience la reunión sacramental, para poder ayudar en cualquier cosa que podamos. No hay mayor bendición que poder ser útil en las manos del Señor. Me gustaría invitar a los padres para que apoyen a sus hijos y les den permiso de participar en las diferentes actividades ya que no hay mejor lugar en la tierra que estar en Su Iglesia.

Cuando me bauticé, mi familia había estado inactiva y no estaba unida como una familia eterna. Después de lograr varias metas, por fin tuvimos la oportunidad de sellarnos en el templo de San Salvador. Nunca me había sentido tan feliz como cuando vi a mi familia dentro del templo y el hermano que nos selló dijo que estábamos unidos por el tiempo y por toda la eternidad. Me sentí un hijo privilegiado por Dios. Sé que la Iglesia es verdadera pues he tenido experiencias espirituales y sueños muy hermosos que me lo han confirmado. Sé que el tiempo está cerca, pero si estamos preparados no temeremos.

Una de mis escrituras preferidas se encuentra en el Antiguo Testamento porque habla sobre nuestros días, en donde el Señor dice: “… derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones”. Joel 2:28