Mensaje del Área

Somos las manos del Señor para que otros sean bendecidos por el poder de la divinidad

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El élder Álvarez invita a los miembros de Centroamérica a ministrar a otros con amistad sincera y ayudarlos a que permanezcan en la senda de los convenios.

Al ministrar, debemos visualizar a nuestros hermanos caminando por el sendero de los convenios. Ayudémosles a comprender los principios y establecer metas para recibir las ordenanzas de salvación, a fin de que la divinidad pueda manifestarse en sus vidas.


Hace muchos años, cuando nuestros hijos eran niños, escalamos como familia el volcán de Agua en las afueras de la Ciudad de Guatemala. Era de noche cuando llegamos al lugar conocido como “la quebrada”. Esta es una hendidura causada por una erupción hace muchos años. El lugar está cubierto de rocas y arena volcánica, haciéndolo un camino poco seguro.

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El élder Álvarez y su familia subieron el volcán de Agua, buscando el camino correcto para llegar a la cima de una forma segura.

No estábamos seguros del camino a seguir, así que decidimos acampar allí y continuar el ascenso al día siguiente. Esa misma noche, un grupo de personas pasó al lado de nosotros, y al no encontrar el camino decidieron subir por “la quebrada”. Uno de ellos rodó cuesta abajo y se fracturó la espalda.

 

He llegado a comprender que para poder llegar a la cima, debemos ir por el camino correcto, que regularmente está marcado con señales e indicaciones que nos dicen por dónde ir de una forma más segura.

 

En nuestro camino por la vida, todos enfrentamos dificultades, adversidad, enfermedades e incluso la muerte de seres queridos. De hecho, hoy en día todos estamos siendo probados por el COVID-19. Sin embargo, “las pruebas personales de la vida van más allá de esta pandemia. Las pruebas futuras podrían resultar de un accidente, un desastre natural o una pena personal inesperada” (Russell M. Nelson, “Mensaje de apertura”, conferencia general, abril de 2020).

 

El poder de la divinidad se manifiesta en Sus ordenanzas

 

Dios el Padre no nos deja solos. De hecho, esta vida con todo y sus pruebas es necesaria para que Él pueda bendecirnos más plenamente con el poder de la divinidad.

 

El Señor declara que en las ordenanzas del Sacerdocio de Melquisedec “se manifiesta el poder de la divinidad. Y sin sus ordenanzas y la autoridad del sacerdocio, el poder de la divinidad no se manifiesta a los hombres en la carne” (D. y C. 84:20–21).

 

El presidente Russell M. Nelson nos ha enseñado que “aumentamos el poder del Salvador en nuestra vida cuando hacemos convenios sagrados y guardamos dichos convenios con precisión” (Russell M. Nelson, “Cómo obtener el poder de Jesucristo en nuestra vida”, conferencia general de abril de 2017).

 

¿Qué tan importantes son estas ordenanzas en nuestro camino de regreso al Padre? ¿Será que a veces pensamos en ellas como una lista de verificación que debemos cumplir para que nos dejen entrar en Su presencia?

 

Las ordenanzas esenciales del sacerdocio —el bautismo, la confirmación, la ordenación al sacerdocio para los hombres y las ordenanzas del templo— no son una lista de verificación, sino son una especie de hitos a lo largo de nuestro camino de regreso a nuestro Padre Celestial. Algo semejante a las señales e indicaciones que hace años seguimos con mi familia para subir el volcán por un camino seguro.

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Las ordenanzas marcan el camino correcto de vuelta a la presencia de Dios.

Entre nosotros, hay algunos que en algún momento de su vida se han apartado de los convenios y buscan senderos peligrosos. Debemos comprender que cuando pecamos no perdemos valor ante los ojos de Dios. ¡Nuestro valor es inalterable! Perdemos dignidad, sí, pero podemos recuperarla al arrepentirnos sinceramente. Por medio del arrepentimiento sincero y la expiación infinita de Jesucristo, se nos permite regresar al sendero y librarnos de las consecuencias nefastas de tomar caminos equivocados. Evitaremos así una trágica caída, contrario a la experiencia del andinista que cayó por “la quebrada”.

 

La ministración efectiva ayuda a que otros reciban las ordenanzas

 

En abril de 2018, cuando recibimos la instrucción de la nueva forma de ministrar, el presidente Nelson nos presentó la posibilidad de usar sabiamente la tecnología para este propósito. ¡Qué gran bendición ha sido durante esta pandemia!, y seguramente lo será en el futuro también.

 

Al ministrar, podemos “demostrar ‘a Dios la religión pura y sin mácula’, ‘de llevar mutuamente nuestras cargas para que sean ligeras’, y de ‘consolar a los que necesitan consuelo’, de ministrar a la viuda y al huérfano, al casado y al soltero, al fuerte y al desamparado, al oprimido y al firme, al feliz y al triste; en resumen, a todos, a cada uno de nosotros, porque todos necesitamos sentir la mano cálida de la amistad y oír la declaración firme de fe” (Jeffrey R. Holland, “Estar con ellos y fortalecerlos”, conferencia general de abril de 2018).

 

Gracias a la ministración y debido a que el Señor ha ablandado el corazón de muchos de Sus hijos que se habían alejado, muchos están volviendo a la actividad y a la Iglesia. Al saber que la obra y gloria de Dios es “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre”, debemos comprender que cada persona necesita recibir las ordenanzas de salvación y honrar los convenios (Moisés 1:39).

 

He visto con gusto cómo en varias estacas de Centroamérica, muchos miembros están enfocados en recibir sus ordenanzas, cumplir los convenios y velar por que sus hermanos hagan lo mismo. Esto permite que más miembros de la Iglesia regresen, que más personas entren a las aguas bautismales y que todos tengan la mira de sellarse en el templo como familias eternas.

 

Cada persona necesita el apoyo de un amigo sincero

 

Hace seis años formé parte de un hermoso proyecto para que trabajadores de una empresa completaran sus estudios de nivel diversificado. Esto requirió constancia y sacrificios, tales como asistir a clases todos los sábados por la mañana, hacer tareas por las noches y cambiar viejos hábitos por nuevos. Algunos habían dejado de estudiar hacía 40 años. Vi como por cinco años, poco a poco, los participantes completaron sus estudios, y se graduaron varias promociones.

 

¿Por qué habían dejado de estudiar por tanto tiempo? ¿Por qué no retomaron su educación antes? ¿Qué los motivó esta vez a cambiar viejos hábitos, a sacrificarse y a vencer obstáculos?

 

Hacerlo solo no es fácil. En ese entonces no solo tuvieron el apoyo de sus compañeros sino la visión de culminar sus estudios y ser un ejemplo para sus hijos. Este fue su motor.

 

Si usted está en el camino de regreso a la Iglesia, le invitamos a que con determinación se establezca la meta de recibir las ordenanzas salvadoras y vivir de acuerdo con los convenios.

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La ministración nos da la oportunidad de ayudar a otros a comprender y vivir los convenios de mejor manera.

Al ministrar, debemos visualizar a nuestros hermanos caminando por el sendero de los convenios. Compartamos con ellos esta visión. Ayudémosles a comprender los principios y establecer metas para recibir las ordenanzas de salvación, a fin de que la divinidad pueda manifestarse en sus vidas.

 

Testifico que Dios el Padre vive, que somos Sus hijos y que tenemos un gran valor. Él quiere manifestar el poder de la divinidad en nuestras vidas por medio de Sus ordenanzas. Por ello Él nos ha dado el nacimiento divino de Su Amado Hijo, Jesucristo, Su vida incomparable y Su sacrificio expiatorio infinito. Su don de la vida eterna vendrá a todos los que cumplan los requisitos, mediante la fidelidad a las ordenanzas y los convenios hechos en Sus santos templos.

 

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