Sostenidos por la fe en Jesucristo

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Helga Reconco, acompañada de su hermano menor, testifica que el Señor los acompañó en todo momento en medio de las fuertes pruebas.

Un testimonio firme que los sagrados convenios son un puerto seguro ante la prueba.


Hace unos meses nos preparábamos como familia para una maravillosa experiencia espiritual en el Templo de Tegucigalpa Honduras, con nuestro hijo de 11 años, quien asistiría por primera vez. La situación cambió de una semana a otra cuando el gobierno de nuestro país emitió una alerta roja, con restricciones de movilidad y aislamiento, debido a la propagación del Covid-19. Solo mi esposo podía salir de casa, ya que forma parte del cuerpo de bomberos de la ciudad.

 

Nos adaptamos rápidamente a los cambios, que también se dieron en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Tuvimos la dicha de reunirnos en casa para tomar la Santa Cena, aunque tristes por todo lo que estaba ocurriendo en el mundo. Al escuchar la voz del Señor a través del profeta Russell M. Nelson y otras autoridades eclesiásticas, nos hizo sentir paz.

 

Cuatro meses después, mi esposo debió quedarse en casa para esperar resultados del laboratorio por la prueba de Covid-19 que le realizaron en el trabajo, a la cual dio positivo. Dos días después desperté en la madrugada presentando síntomas, aunque no estaba segura. La presidenta de la Sociedad de Socorro de estaca, quien es médica, durante una comunicación virtual, me escuchó toser, dedujo que yo estaba contagiada y me recetó un tratamiento. Ella ha sido un ángel para mí.

 

Seguí empeorando, derramaba mi corazón a nuestro Padre Celestial y muchas personas más oraban por nosotros y nos fortalecían. Se me desarrolló neumonía, pero nuestras oraciones fueron contestadas y pude ser atendida en un centro privado.

 

Debido al aislamiento en el que todos debíamos estar por la cuarentena, mi casa nunca estuvo tan silenciosa y apagada. Cada uno permanecía en su habitación, comunicándonos por el celular, orando y llorando. Sin embargo, nunca estuvimos solos, recibimos el apoyo de los cielos, de nuestra familia, de los miembros de la Iglesia y compañeros de trabajo.

 

Cuando empezamos a mejorar, creímos que ya había terminado el problema. Sucedió que mi papá enfermó gravemente, al grado de necesitar oxígeno. Antes de ingresarlo al hospital, nos reunimos en una video llamada con mis hermanos y sus familias completas que viven en otras ciudades. Por ser la hermana mayor me pidieron que ofreciera la oración. Sentí algo tan especial, como si mi hogar fuera una extensión del templo. Sentí tanta paz y tranquilidad que no dudo que descendieron ángeles para sostenernos y que el Señor Jesucristo nos acompañó a lo largo de todo el proceso de incertidumbre y angustia.

 

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Helga Reconco junto a su padre y hermano al salir del del Hospital de Seguridad Social.

Después de 12 días de ingresado en el hospital, mi papá pudo salir a recuperarse en casa y aunque había perdido bastante peso, masa muscular y respiraba con un poco de dificultad, vimos cómo Dios había respondido a tantas oraciones y ayunos en su favor.

 

Sin duda, como familia hemos sido altamente bendecidos. Hemos visto el milagro de recuperar nuestra salud. Hemos sentido el amor de nuestro Padre Celestial. Estamos llenos de gozo y felicidad de estar nuevamente todos reunidos para llevar a cabo nuestra reunión dominical para participar de la Santa Cena. Aunque aún falta camino por recorrer, sabemos que no estamos solos, por lo que debemos esforzarnos para perseverar hasta el fin.

 

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