Soy pionera en mi familia

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Cesia Daniela junto a su madre. Cesia dijo que había sentido algo muy diferente, un cambio y que sabía que esto era bueno.

Cuando las misioneras me enseñaban sentía el Espíritu tan fuerte que yo misma les pregunté qué debía hacer para ser bautizada en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días


Desde pequeña se me inculcó a creer en Dios y se me hizo saber que teníamos un Padre Celestial que me amaba y que me podría ayudar en lo que necesitara. Recuerdo que, al terminar la escuela, mi mamá me aconsejó que debía seguir asistiendo a la iglesia. Asistí a algunas, pero sentía que no me completaban, después unos vecinos me invitaron a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Asistí a la reunión sacramental y a las clases, pero no me sentí bien. Al pasar el tiempo llegó una nueva familia a la colonia donde vivía y los misioneros les empezaron a visitar y fueron a la Iglesia. Empecé a sentir algo de curiosidad ya que escuchaba que una de las chicas hablaba mucho de seminario, así que le pregunté qué era seminario y qué hacían; en ese momento empezó mi gran travesía en el Evangelio, por una pregunta, por curiosidad.

 

Me invitaron a asistir a seminario y me gustó mucho, así que nuevamente asistí a las reuniones dominicales y poco a poco empecé a tener nuevos amigos. Al principio no fue fácil porque mi familia era de creencias distintas, ellos no aceptaban las clases ni nada que tuviera que ver con la Iglesia. Recibía a las misioneras en mi casa cada vez que se podía, la hermana Oaks y la hermana Story, que con amor me enseñaron el Evangelio. Pude sentir muchas veces el Espíritu al grado que yo misma pregunté qué debía hacer para ser bautizada en la Iglesia. Las misioneras estaban muy felices y me explicaron a detalle todo; empecé a hacer las tareas que me dejaban y poco después me dieron una fecha de bautismo. El día de mi bautismo mi mamá me preguntó por qué quería ser bautizada y le respondí: porque había sentido algo muy diferente, un cambio y que sabía que esto era bueno para mí.

 

Una de las mayores experiencias que siempre voy a recordar, fue cuando por medio del Libro de Mormón el Padre Celestial me habló y me consoló. Tenía algunos problemas en casa y oré mucho pidiendo consuelo y paz. Decidí abrir el Libro de Mormón, muchas veces había escuchado a los hermanos decir que habían hecho esto para recibir revelación o consuelo, así que lo hice y vaya sorpresa la que tuve. Al leer el pasaje que se encuentra en 1 Nefi 21:15, “Porque, ¿puede una mujer olvidar a su niño de pecho al grado de no compadecerse del hijo de sus entrañas? ¡Pues aun cuando ella se olvidare, yo nunca me olvidaré de ti, oh casa de Israel!”, sentí que el Padre Celestial estaba allí y que Jesucristo sabía por lo que estaba pasando y que Él nunca me iba a olvidar.

 

Siempre he pensado que una de las mayores razones por las que he estado firme en la Iglesia es por la maestra de seminario y de Mujeres Jóvenes que tuve, hermana Molina. ¡Qué ejemplo fue para mí! Siempre me hizo sentir muy bien y me recordó mi valor.

 

Seguí asistiendo a la Iglesia y mis amigos empezaron a irse a la misión. ¿Me pregunté que debía hacer yo? Así que me arrodillé y pregunté al Padre en sincera oración: “Padre, necesito que me ayudes a tomar una decisión con mi vida, quiero saber si debo o no ir a una misión; ayúdame a saber claramente qué debo hacer”. La respuesta llegó tan clara como lo pedí: “Debes ir a la misión”.

 

Fui llamada a la Misión México Cuernavaca. Ese día al abrir mi llamamiento sentí cómo una dulce voz me decía que debía cambiar algunas cosas en mi vida si quería enseñar a otras personas, así que me esforcé por hacerlo. Semanas después de haber salido para la misión me dio mucha alegría enterarme que mi mamá estaba asistiendo a la Iglesia. Gracias a los sacrificios que había hecho a lo largo de mi vida, las bendiciones estaban llegando poco a poco.

 

En la misión sentí innumerables veces el amor de mi Salvador. Tuve experiencias maravillosas, pude ver personas cambiar sus vidas y aceptar el Evangelio y cada vez que sucedía eso, me recordaba lo que le había dicho a mi mamá: “Solo sé que esto es bueno”. Terminé mi misión de tiempo completo y regresé a casa y las bendiciones siguieron llegando: ¡Mi mamá se bautizó! Siento que soy una hija muy bendecida y consentida de mi Padre Celestial.

 

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Cesia Daniela dice: “Hoy estoy felizmente casada con un exmisionero y las bendiciones en mi vida se siguen derramando constantemente en nuestra familia”.