Soy un hijo de Dios, Él me ama y tiene una obra para mí

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Como líder de cuórum, Alexis R. comprende la responsabilidad de ministrar a otros jóvenes.

“Los jóvenes son el mejor vínculo para ayudar a otros jóvenes”.


Un día escuché a dos amigos platicar sobre una actividad para jóvenes, sin saber de qué se trataba les dije: “¡Hey, ¿por qué no me invitan?!” Esta actividad fue mi primer contacto con la Iglesia. Más tarde mis amigos me invitaron a otra actividad, la cual desencadenó una serie de eventos positivos: conocí a los misioneros, me enseñaron, luego mi madre dio su permiso para que fuera bautizado en septiembre de 2017.

 

Aprendí tres cosas: todo joven desea ser parte de algo, una invitación pequeña puede traer grandes bendiciones y que los jóvenes son el mejor vínculo para ayudar a otros jóvenes.

 

Me llamo Alexis R., soy el único miembro de la Iglesia en mi familia, soy un presbítero del barrio San Francisco, Estaca Los Yoses de San José, Costa Rica. A inicios del 2020, fui llamado para servir como un ayudante del obispo Vargas en el Cuórum de Presbíteros. Para mí los llamamientos son una oportunidad para aprender. Al ser un recurso para ayudar a Dios a edificar Su reino también puedo desarrollar preparación para la vida.

 

Ser parte de un cuórum del sacerdocio me hace sentir entre amigos, somos como una familia. Y sin la ayuda y el amor de mis líderes sería muy difícil avanzar. Sí, a veces es difícil avanzar especialmente si uno va solo a la Iglesia, pero al recordar el lema del Sacerdocio Aarónico, Soy un amado hijo de Dios, y Él tiene una obra para mí (Lemas de los cuórums del Sacerdocio Aarónico), esto afirma el amor de Dios hacia mí, además me anima a cumplir con mis asignaciones del sacerdocio.

 

Como un líder de cuórum, tengo la responsabilidad de ministrar a otros jóvenes, además como ayudante del obispo debo estar pendiente de las cosas que él requiera de mí. A veces se me delega dirigir en el Consejo de Barrio para la Juventud. En esa reunión planeamos actividades, pero va más allá de eso: analizamos una por una a las personas quienes necesiten ayuda y qué haremos para acercarnos a ellos. Damos seguimiento a las metas que tenemos. También analizamos el progreso en las clases de seminario y las ordenanzas que pueden bendecir nuestras vidas. Participar en los consejos nos prepara dentro de un modelo para que en el futuro podamos hacer planes, enfocarnos en lo importante y para que tomemos decisiones correctas.

 

He establecido una meta personal, que es ser amigo de los jóvenes para que se sientan en confianza y puedan contar con mi apoyo en todo momento. Así sucedió durante la pandemia, las clases de seminario y el cuórum nos ayudaron a sentirnos seguros y cerca de Jesucristo.

 

No importa las circunstancias en las que vivamos, al ser hijos de Dios podemos hallar la fuerza para avanzar. Y cuando entendemos que Él tiene una obra para nosotros y participamos de esta invitación, empezamos a convertirnos en lo que Dios espera que seamos. Por esta razón, las palabras de 1 Nefi 3:7, “Iré y haré” es mi lema.

 

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