Todo diezmo es íntegro

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El hermano Martínez testifica que el diezmo es una ley de salvación.

Yo sabía que, si no era la décima parte, no era diezmo.


Desde niño, mis padres me enseñaron sobre la honradez y la honorabilidad, como joven en la Iglesia, me enseñaron de la integridad y la dignidad. Conforme la vida pasa, el tiempo se encarga de poner a prueba cada uno de estos principios eternos. Creo que una de las pruebas más fuertes es poder resistirnos a no tocar lo que es del Señor.

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Desde niño, mis padres me enseñaron.

El diezmo, por ejemplo, no es una palabra que sugiere que debemos dar un donativo generoso a la Iglesia del Señor Jesucristo. El diezmo es una palabra que indica y nos recuerda que debemos pagar la décima parte de nuestros ingresos o ganancias.

 

No es una invitación a dar lo que podemos o lo que queremos, ni tampoco nos pide más que la décima parte. “Y después de esto, todos aquellos que hayan entregado este diezmo pagarán la décima parte de todo su interés anualmente; y esta les será por ley fija para siempre, para mi santo sacerdocio, dice el Señor” (D. y C. 119:4).

 

De manera que, si queremos dar un poco más, debemos hacerlo por medio de las ofrendas de ayuno u otros donativos a la Iglesia. Sin embargo, si damos menos de la décima parte de nuestros ingresos, no es diezmo ni es íntegro, es una ofrenda generosa y como tal recibirá su bendición, pero no será la bendición del diezmo.

 

Testifico que el diezmo es una de esas grandes leyes eternas de salvación.

 

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