Un milagro en la Conferencia General de abril de 2021

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La Familia Aguilar, experimentó un milagro en la conferencia general, y su fe fue fortalecida.

Cada seis meses los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se reúnen junto a autoridades generales para participar de la conferencia general en la cual hay mensajes y música de inspiración. Sin embargo, en el último año esta ha sido de manera virtual debido a las restricciones por la pandemia del COVID-19.

La familia Aguilar Villalta, una joven familia miembro de la Iglesia en El Salvador esperaban con mucho anhelo el fin de semana de la 191ª Conferencia General del pasado 3 y 4 abril de 2021 para escuchar mensajes que fortalecieran su fe y su testimonio de Jesucristo. Una semana antes sus vidas experimentaron una difícil situación. Leticia, comenta “al esperar la conferencia general de abril mi alma tenía una necesidad grande de tener respuestas del cielo. La semana previa a la conferencia general mi fe fue probada de la manera más grande que he podido experimentar, vi con dolor como mi esposo era trasladado a una Unidad de Cuidados Intensivos debido a una neumonía por COVID-19”.

La joven esposa también experimentó miedos, dudas y preocupaciones, sobre todo en los días en los que las noticias sobre la salud de su esposo no eran tan alentadoras, Leticia dijo que pudo sentir como el Salvador caminó a su lado durante esos días difíciles, contó con el apoyo de su familia y amigos que se unieron en oración, ayuno y pequeños actos de fe para que Brigham, su esposo pudiera superar los síntomas del letal virus.

La conferencia general dio inicio y Leticia estaba esperando una respuesta respecto a la prueba que su familia afrontaba, así relata lo que sintió ese día:

“Mi corazón estaba a punto de explotar de los nervios y ansias por recibir una respuesta, pude tener algunas impresiones del Espíritu de lo que debía hacer para acercarme más a mi Salvador, pero seguía esperando la respuesta específica que estaba buscando. Terminó la primera sesión de la conferencia y atesoré lo que recibí, una hora después de terminar la primera sesión recibí mi respuesta, era la llamada del hospital comunicándome que mi esposo había salido de la Unidad de Cuidados Intensivos y que se encontraba recuperándose en otra sala del hospital. Mi alma se desbordó de felicidad y gratitud ¡el milagro había ocurrido! Dios había respondido las oraciones de muchas personas que habían orado y ayunado por la salud de mi esposo, no pude contener las lágrimas de felicidad y gratitud de aquel milagro.

 

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Leticia con fe, viendo la conferencia general, escuchando los mensajes que reconfortaron su ser.

Me mantuve con mucha fe hasta las próximas sesiones de la conferencia y luego al escuchar la voz de nuestro amado profeta Russell M. Nelson sentí cómo todo su mensaje era dirigido a mí, cada palabra consoló mi alma y la llenó de paz y gozo. Me encantan las conferencias generales, pero jamás olvidaré como el Señor respondió a cada una de mis oraciones y, además, entregó instrucción a mi alma y nunca olvidaré los sentimientos que tuve durante ese mensaje.

Después de haber vivido esta experiencia puedo asegurar que el Padre Celestial y Jesucristo nos acompañan en cada momento de dolor, aunque nos sintamos solos, tristes y vivamos experiencias que pensamos que nuca viviríamos, Él está allí acompañándonos en cada momento y sé que cada prueba puede ser superada por medio de una fe inquebrantable que puede hacer que el milagro del cielo esté a nuestro alcance. Mi esposo ahora está de vuelta en nuestro hogar, después de 14 días hospitalizado”.

El presidente Russell M. Nelson dijo durante la sesión del domingo 4 de abril por la mañana “Mediante su fe, Jesucristo aumentará la capacidad de ustedes para mover los montes[DG1] que haya en su vida, aunque… puedan ser tan grandes como el monte Everest”.

Estas palabras ayudaron a Leticia a seguir con más fe ante la montaña que atravesaba, y recordó también la escritura que dice “…mi palabra no pasará, sino que toda será cumplida, sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo”. Doctrina y Convenios 1:38.