Una misión esperada

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Los hermanos María Trinidad y Mauricio Sierra fueron apartados por su obispo como misioneros de servicio para el Proyecto de Construcción del Templo de Honduras San Pedro Sula. Photo credit: Mauricio Sierra

Desde un inicio, expresamos nuestro gran deseo de poder participar en la construcción del templo de la Iglesia en Honduras, especialmente porque Mauricio es arquitecto y el día llegó, 35 años después de nuestro bautismo.


Fuimos bautizados y confirmados miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días un 12 de octubre de 1985. Al compartir nuestro testimonio ese sábado en la mañana, expresamos que nuestro anhelo era poder ir al templo lo más pronto posible. Un año después, el 12 de diciembre de 1986, recibimos nuestras investiduras y pudimos sellarnos por esta vida y por toda la eternidad, junto a nuestros dos hijos mayores, Ana Fabiola y Mauricio.

 

Nuestro hijo menor, José Elías, nació dentro del convenio. Mi esposo Mauricio Sierra me comentó: “Recuerdo que pensaba que iba a ver al Señor Jesucristo dentro del templo, y estaba alerta para poder verlo bien cuando apareciera; aunque no pude verlo, pude tener una experiencia espiritual sagrada que me confirmó que todo era cierto y que esa era, de hecho, la casa del Señor”.

 

Desde un inicio, expresamos nuestro gran deseo de poder participar en la construcción del templo de la Iglesia en Honduras, especialmente porque Mauricio es arquitecto con una vida de experiencia en la construcción de edificios. Cuando el presidente Russell M. Nelson anunció la construcción del templo en mi ciudad de San Pedro Sula, durante la Conferencia General de abril de 2018, inmediatamente nos comunicamos con mi presidente de estaca y con el Setenta de Área para pedirles que nos ayudaran a llenar la solicitud para ser misioneros en la construcción del Templo de San Pedro Sula, llamamiento que ni siquiera sabía si existía.

 

Luego de consultar con algunos hermanos en Honduras, logramos ponernos en contacto con alguien en Salt Lake City, quien nos envió los requisitos y la información que debíamos llenar. Finalmente, logramos enviar nuestros papeles para servir una misión para las oficinas del Área.

 

El día llegó, 35 años después de nuestro bautismo; el 19 de noviembre de 2020 recibimos nuestra carta de llamamiento como misioneros de servicio para el Proyecto de Construcción del Templo de Honduras San Pedro Sula. Fuimos apartados por nuestro obispo exactamente dos meses después, el martes 19 de enero por la mañana. Después de que nuestros tres hijos sirvieron misiones de tiempo completo, esperábamos el tiempo en el que finalmente lograríamos nuestro anhelo de servir al Señor.

 

Imaginábamos una celebración con todos nuestros hermanos de Barrio La Primavera, pero por las circunstancias actuales solamente había seis personas en la capilla del barrio. A pesar de que fue una ceremonia sencilla, fue muy espiritual, y pudimos reforzar nuestra convicción de servir al Señor de la mejor manera posible. Esperamos que esta sea la primera de muchas misiones de servicio.

 

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