El servicio desinteresado

El servicio desinteresado

Siempre se habla de los participantes del SOY, pero también hay que realzar una de las partes más importantes para que se lleve a cabo, la logística y los voluntarios.

En Costa Rica este año, la conferencia se realizó en el Colegio Valle del Sol. El clima en esta región es muy inestable, a veces está con un sol fortísimo y de un momento a otro cae la lluvia. En esta época del año es muy lluvioso y esa semana no fue la excepción, especialmente los tres primeros días.

El tercer día de la actividad se realizó la armada de las tiendas de campaña. Los hermanos Werner y Lisbeth Fallas junto con una tropa scouts de la región, diez voluntarios, diez élderes y cuatro hermanas, armaron 180 tiendas de campaña desde las 7:00 am hasta las 6:00 pm, luego empezó a llover.

Este año tuvimos la oportunidad de trabajar con un grupo de cerca de 30 voluntarios, que dejaron todas sus actividades entre ellas sus trabajos para asistir al SOY. El servicio que ellos prestaron fue extraordinario. Un día antes de la llegada de los jóvenes a Guápiles, no dejó de llover en todo el día y tenían que preparar todo para recibir cerca de 290 jóvenes y 54 consejeros. Todo tenía que estar listo para el lunes.

El lunes, como no dejó de llover los participantes no podrían ser ubicados en las tiendas de campaña porque estaban empapadas al igual que los catres que se habían armado dentro. Se tuvo que recurrir al plan B que era instalarlos en las aulas del colegio (mujeres) y la escuela (hombres). Estos edificios estaban ubicados uno al frente del otro. Los voluntarios tuvieron que instalar catres en la mayoría de las aulas dejando algunas libres para seguir con el programa dispuesto y que se impartieran las clases a los jóvenes que llegarían a participar del SOY.

El martes y miércoles llovió torrencialmente. Estos voluntarios trabajadores y serviciales siempre estaban dispuestos a hacer todo lo que se les pidiera a la hora que fuera. Recorrieron la segunda milla al estar siempre dispuestos a trabajar más allá de lo evidente. Siempre trabajaron en equipo, todos con todos. Debían colocar sillas para después recogerlas, llevarlas de un edificio a otro, además de muchas otras cosas; nunca escuchamos una palabra de desacuerdo, siempre su respuesta fue “sí señor…” ¿Qué más hago?” “¿Dónde lo llevo?” Eran de los primeros en levantarse y los últimos en acostarse, mientras todos estaban durmiendo ellos estaban trabajando en lo que tenía que estar listo para el día siguiente.

El jueves y viernes dejó de llover. Se pudieron secar las tiendas de campaña y los catres que se habían puesto adentro, aunque no se habían usado; ahora había que desarmar y empacar de nuevo, el suelo estaba saturado de agua y de barro, pero esto no fue freno para ellos. Se pusieron capas, botas de hule y siguieron con su trabajo hasta que no quedó ninguna.

El sábado, los jóvenes regresaron temprano a sus hogares. Los voluntarios siguieron recogiendo y preparando todos los materiales para el transporte a las bodegas del SOY en San José.

Nunca habíamos visto y compartido con un grupo de personas tan serviciales como este. Todo lo que hacían era con una sonrisa en su cara y con la máxima disposición de ayudar. Nos recordaron la esencia del servicio, que el servicio debe ser espontáneo y desinteresado, que no importa el lugar ni la hora si lo hacemos de corazón y por amor. Sabemos que el Señor estaba feliz de verlos sirviendo a sus hijos más pequeños y les va a retribuir todo este servicio que prestaron sin esperar nada a cambio. Le agradecemos a nuestro Padre Celestial la oportunidad que nos dio a mi esposo y a mí de trabajar con este gran grupo y de ser parte de este gran equipo.